Manabí es una provincia de la región Litoral del Ecuador, situada en el borde occidental del país frente al océano Pacífico. Su capital provincial es Portoviejo y su organización territorial vigente reúne 22 cantones, 45 parroquias urbanas y 56 rurales. La provincia no se reduce a una sola ciudad: Portoviejo concentra la capitalidad administrativa, Manta cumple un papel portuario e industrial de escala nacional, y cantones como Chone, El Carmen, Montecristi, Jipijapa, Pedernales, Sucre y Puerto López estructuran redes urbanas, rurales y costeras de distinto peso.123
El Censo Ecuador 2022 registró 1.592.840 habitantes en Manabí, con 58,0% de población urbana y 42,0% rural. La provincia combina costa, cordillera costera, valles, cuencas hidrográficas propias, bosques secos, manglares, estuarios, riego, puertos y una economía que enlaza agricultura de secano, pesca, manufactura de productos acuáticos, comercio, administración pública, educación, salud y servicios urbanos.245
La identidad manabita se expresa en prácticas regionales de oralidad, cocina, trabajo rural, vida portuaria, memoria republicana, paja toquilla, patrimonio urbano y educación superior. Esa cultura no es homogénea: el censo muestra una mayoría mestiza y una presencia montubia alta, mientras las identidades chola, montuvia y manabita funcionan como categorías históricas y sociales distintas, no intercambiables.26
Sus principales desafíos combinan brechas de agua y alcantarillado, ruralidad extensa, subempleo, reconstrucción post-terremoto, riesgo por lluvias, inundaciones y El Niño, presión sobre bosques secos y litoral, seguridad pública, mantenimiento vial, conectividad digital y capacidad institucional para llevar servicios a parroquias y recintos dispersos.7289
#Ficha rápida
| Campo | Detalle |
|---|---|
| Tipo | Provincia del Ecuador1 |
| Región | Litoral o Costa ecuatoriana3 |
| Capital provincial | Portoviejo1 |
| Cantón más poblado | Portoviejo, con 322.925 habitantes en 20222 |
| Nodo portuario principal | Manta, puerto marítimo, industrial, pesquero y aeroportuario910 |
| Cantones | 22 cantones, entre ellos Portoviejo, Manta, Chone, El Carmen, Montecristi, Jipijapa, Pedernales, Sucre y Puerto López1 |
| Superficie referencial | 19.516,60 km² según la planificación provincial3 |
| Población censada | 1.592.840 habitantes en el Censo Ecuador 20222 |
| Distribución urbano-rural | 58,0% urbana y 42,0% rural en 20222 |
| Autoidentificación destacada | 62,9% mestiza y 33,6% montubia en 20222 |
| Ejes económicos | Comercio, administración pública, educación, salud, cacao y café, pesca, acuicultura, manufactura de pescado y camarón, construcción y transporte5 |
| Cultivos principales | Maíz duro seco, cacao, plátano, arroz, café y palma africana según MAG 202311 |
| Áreas naturales destacadas | Parque Nacional Machalilla, Refugio de Vida Silvestre Marino Costera Pacoche, Reserva Marina Puerto Cabuyal y Reserva Marina Cantagallo-Machalilla912 |
| Patrimonio cultural | Cocina tradicional manabita, tejido de paja toquilla, Montecristi Ciudad Creativa UNESCO, Jipijapa Ciudad Patrimonio Cultural Nacional y paisaje Hojas-Jaboncillo13141516 |
| Desafíos principales | Agua, alcantarillado, subempleo, salud rural, seguridad, inundaciones, sequía, erosión costera, conectividad vial y gestión de riesgos298 |
#Nombre
#Nombre y posición territorial
Manabí es el nombre oficial de una provincia del Ecuador ubicada en la región Litoral, sobre el borde occidental del país y frente al océano Pacífico. En la jerarquía territorial ecuatoriana, la provincia ocupa una escala superior a la del cantón y a la de la parroquia, de modo que Manabí, Portoviejo y Manta no nombran el mismo nivel administrativo: el primero designa a la circunscripción provincial; el segundo es, a la vez, el nombre del cantón capital y de su cabecera; el tercero corresponde a otro cantón costero con su propia cabecera cantonal.12
La capital provincial es Portoviejo. Esa condición no implica que sea la ciudad más grande en toda interpretación posible del territorio, sino que concentra la sede administrativa del gobierno provincial. En la práctica, la provincia se organiza alrededor de varios centros urbanos de distinta jerarquía: Portoviejo como capital y mayor cantón por población; Manta como nodo portuario, industrial y aeroportuario; Chone como polo agrocomercial; y otros cantones que articulan la costa, el valle interior y los corredores de conexión entre ambos.23
#Superficie y límites
La referencia cartográfica y estadística más reciente de la planificación provincial sitúa a Manabí en 19.516,60 km² de superficie, equivalentes al 7,36% del territorio nacional. La división político-administrativa vigente reúne 22 cantones, 45 parroquias urbanas y 56 rurales, es decir, una estructura territorial muy densa en niveles intermedios de organización.3
Sus límites provinciales son estables en la documentación oficial reciente: al norte con Esmeraldas; al sur con Santa Elena; al este con Santo Domingo de los Tsáchilas, Los Ríos y Guayas; y al oeste con el océano Pacífico. La provincia combina, por tanto, una franja marítima extensa con un interior agrícola, una costa de cabeceras urbanas medianas y un conjunto de parroquias rurales que sostienen gran parte de su base productiva.317
El frente costero aparece con dos magnitudes de uso distinto. En la comunicación institucional de la Prefectura se habla de 350 km de playa, mientras que los documentos de planificación territorial y riego trabajan con 307 km de costa marítima. La primera corresponde a una longitud de playa difundida con fines descriptivos o turísticos; la segunda, a la delimitación costera usada en planificación y análisis territorial. La superficie provincial, las longitudes litorales y el uso turístico del litoral corresponden a unidades territoriales diferentes.1718
#Portoviejo y Manta
La diferencia entre capital provincial, ciudad principal y cantón más poblado ordena la jerarquía urbana de Manabí. Según el Censo Ecuador 2022, Portoviejo registra 322.925 habitantes a escala cantonal y Manta 271.145; Chone alcanza 128.166, El Carmen 120.936, Montecristi 99.937 y Jipijapa 78.117. En la comparación por cantón, Portoviejo supera a Manta en población. En funcionalidad urbana y peso portuario e industrial, Manta adquiere un papel mayor que el que le da la cifra cantonal sola.23
El desajuste entre unidad administrativa y jerarquía urbana separa dos planos. Manta funciona como ciudad mayor o principal núcleo costero en varias descripciones urbanas; Portoviejo conserva la capitalidad y el primer lugar poblacional a escala cantonal. La comparación cambia según la escala utilizada: cantón, ciudad, conurbación, aglomeración o eje funcional. Las cifras responden a delimitaciones diferentes.123
En la planificación provincial reciente, Portoviejo aparece como ciudad que concentra una parte sustancial de la población urbana; Manta, Jaramijó y Montecristi forman una zona de desarrollo conectada por la actividad portuaria, industrial y de servicios; y Chone se perfila como un centro agrícola y comercial de referencia. Esa red muestra que Manabí no se organiza como una sola centralidad, sino como un sistema de nodos de distinta escala y especialización.3
#Cantones y cabeceras cantonales
La provincia está dividida en 22 cantones. En el registro geográfico estadístico del INEC, cada cantón tiene una cabecera cantonal, que puede coincidir con el nombre del cantón o diferir de él. Esa distinción importa porque en Manabí hay varios casos de homonimia parcial o total: Portoviejo es capital provincial y cabecera cantonal; Manta es cabecera cantonal y nodo portuario; y 24 de Mayo tiene como cabecera a Sucre, un nombre que también designa al cantón Sucre, cuya cabecera es Bahía de Caráquez.1
| Cantón | Cabecera cantonal |
|---|---|
| Portoviejo | Portoviejo, capital provincial |
| Bolívar | Calceta |
| Chone | Chone |
| El Carmen | El Carmen |
| Flavio Alfaro | Flavio Alfaro |
| Jipijapa | Jipijapa |
| Junín | Junín |
| Manta | Manta |
| Montecristi | Montecristi |
| Paján | Paján |
| Pichincha | Pichincha |
| Rocafuerte | Rocafuerte |
| Santa Ana | Santa Ana de Vuelta Larga |
| Sucre | Bahía de Caráquez |
| Tosagua | Tosagua |
| 24 de Mayo | Sucre |
| Pedernales | Pedernales |
| Olmedo | Olmedo |
| Puerto López | Puerto López |
| Jama | Jama |
| Jaramijó | Jaramijó |
| San Vicente | San Vicente |
La distribución parroquial muestra, además, un gradiente territorial desigual. Algunos cantones concentran varias parroquias rurales y urbanas, como Portoviejo y Chone; otros son más compactos, como Jama, Jaramijó, Junín, Olmedo y Rocafuerte, que en la clasificación geográfica estadística reciente no registran parroquias rurales. Manta, por su parte, combina una cabecera urbana con dos parroquias rurales, mientras Santa Ana, Portoviejo y Chone despliegan una malla parroquial más amplia. Esto no es un detalle administrativo menor: determina cómo se presta servicio público, cómo se mide la población y cómo se describen las brechas territoriales.13
#Escalas territoriales
La escala territorial define el sentido de cada dato sobre Manabí. La provincia, el cantón, la ciudad, la cabecera cantonal, la parroquia y la conurbación son unidades distintas. Portoviejo es capital provincial y cantón; Manta es cantón, cabecera cantonal y nodo portuario; Chone es cantón y centro agrocomercial; Bahía de Caráquez es cabecera del cantón Sucre; y Sucre es también la cabecera del cantón 24 de Mayo. La jerarquía administrativa evita confundir nombres repetidos, atribuir población a la unidad equivocada y exagerar o minimizar el peso de cada ciudad.12
La superficie oficial de la provincia se distingue de las longitudes litorales o de playa difundidas por la propia institución provincial. La cifra de área, la cifra de costa y la cifra de playa miden dimensiones distintas del territorio. La superficie de 19.516,60 km² corresponde a la magnitud territorial principal; la extensión de costa o de playa corresponde al borde litoral y a su uso descriptivo.31718
#Territorio
Manabí combina una franja costera extensa sobre el océano Pacífico, una cordillera costera baja que ordena el relieve, cuencas hidrográficas que desaguan hacia el litoral y un régimen climático muy desigual en el espacio y en el tiempo. Esa combinación explica por qué la provincia concentra población, agricultura, pesca, puertos, sistemas de riego y también una parte importante de sus riesgos por inundación, sequía y erosión costera.417
#Litoral pacífico y dinámica marina
La provincia presenta un perfil costero de 307 kilómetros sobre el Pacífico, cifra que la Prefectura de Manabí usa como rasgo estructural de su inserción territorial. La costa no funciona solo como borde geográfico: es la interfaz donde se ubican caletas, desembocaduras, zonas de pesca, tránsitos portuarios y asentamientos vinculados al intercambio marítimo. La misma exposición al mar vuelve al litoral sensible al oleaje, al aguaje y a la energía de los swells que llegan desde el noroeste y el suroeste, razón por la cual INOCAR emite boletines permanentes de oleaje y aguaje para la costa ecuatoriana.419
En términos físicos, ese borde marino no es uniforme. Hay tramos de playas abiertas, puntas rocosas, acantilados, esteros y desembocaduras que modifican la manera en que el oleaje incide sobre la costa. Para la provincia, eso importa tanto por la navegación y la pesca como por la estabilidad de playas, bocanas y estructuras de protección. Los boletines de INOCAR subrayan que el mar ecuatoriano permanece sometido a variaciones periódicas de intensidad y dirección del oleaje, una condición que ayuda a entender por qué el litoral manabita requiere vigilancia técnica constante y obras de drenaje y protección en varios puntos de la franja costera.19
#Relieve y cordillera costera
El relieve manabita no está dominado por montañas altas sino por una sucesión de lomas, cerros y colinas vinculadas a la cordillera Chongón-Colonche y a sus ramales locales. La guía técnica de riego de la ULEAM describe que, por tratarse de una provincia de la costa, las elevaciones son escasas y no suelen sobrepasar los 500 metros sobre el nivel del mar; desde Guayas entra la cordillera Chongón-Colonche y toma nombres locales en Paján y Puca, mientras otros ramales se prolongan hacia Montecristi, Hojas, Canoa y Jama. El plan provincial de riego y drenaje coincide en que esa cordillera atraviesa el territorio y actúa como eje estructurante del paisaje.1720
Esa cordillera costera funciona como una columna vertebral de baja altura. No separa el territorio de manera abrupta, pero sí ordena la dirección de los drenajes, la distribución de los suelos y la aparición de microambientes más secos o más húmedos según la exposición al mar y al relieve. El resultado es una provincia menos homogénea de lo que su imagen litoral sugiere: junto a planicies costeras y valles fluviales aparecen laderas, colinas intermedias y sectores donde el cambio de altitud modifica de forma clara la humedad disponible para la vegetación y los cultivos.1720
#Hidrografía y agua
La planificación provincial parte de una premisa decisiva: Manabí no recibe agua directamente de la cordillera de los Andes y depende de sus propias cuencas hidrográficas, de sus bosques y de su infraestructura hidráulica. El plan provincial de riego y drenaje organiza el territorio en 22 unidades hidrográficas. Hacia el oeste, varias de esas unidades drenan directamente al Pacífico, entre ellas Coaque, Jama, Briceño, Chone, Portoviejo y Jipijapa; hacia el este aparecen unidades vinculadas a Daule y Esmeraldas. Esa división resume una geografía hídrica en la que la provincia capta, regula, almacena y trasvasa agua dentro de sus propios límites.17
Entre los sistemas más importantes figuran las cuencas de los ríos Portoviejo y Chone. El plan provincial describe al río Portoviejo como uno de los más grandes de Manabí; señala que su cuenca comparte territorio con Portoviejo y Santa Ana, que el río nace de la unión de los ríos Pata de Pájaro y Río Mineral, que recibe el Río Chico en su tramo bajo y que la cuenca posee un alto componente de ocupación humana. También indica que Poza Honda potencia la irrigación de unos 14.720 hectáreas y que el agua de esa cuenca abastece de consumo humano e irrigación a Santa Ana, 24 de Mayo, Portoviejo, Jipijapa, Montecristi, Manta y Rocafuerte.17
La cuenca del Chone cumple una función similar, pero con una impronta todavía más marcada en el control de inundaciones y en el uso agropecuario. El mismo plan provincial registra que allí operan cuatro obras hidráulicas importantes: La Esperanza, Río Grande, Trasvase 1 y la presa de regulación de mareas de Simbocal. Ese sistema permite disponer de agua durante todo el año para consumo humano, riego, camaroneras y ganadería, además de mitigar crecidas. En la cuenca baja, la infraestructura hidráulica es la que hace posible que el agua llegue de forma más estable a los centros poblados y a las zonas productivas.17
La regulación hídrica provincial no depende de una sola presa, sino de un sistema escalonado de trasvases, canales, embalses, pozos, albarradas y drenajes. El propio plan provincial señala que, antes de la expansión completa del riego, la provincia contaba con 57.000 hectáreas regables y 30.013 hectáreas con riego, lo que deja ver una brecha persistente entre la disponibilidad física del territorio y el acceso efectivo al agua. En la práctica, eso significa que la localización de cultivos, de poblaciones y de obras públicas sigue atada a la cercanía de cuencas aprovechables y a la posibilidad de almacenar agua en época lluviosa para usarla en la estación seca.17
#Clima y lluvia
El clima de Manabí no es uniforme. El plan provincial de riego y drenaje describe una gradiente pluviométrica que avanza del suroeste al noreste y sitúa las precipitaciones entre 400 y 2.500 milímetros por año conforme el relieve se aproxima a la cordillera. La guía técnica de la ULEAM añade que en buena parte del territorio predomina un clima tropical megatérmico semi-húmedo, con precipitaciones de 500 a 1.000 milímetros anuales concentradas sobre todo entre diciembre y mayo, mientras que en el extremo noreste aparece un clima megatérmico húmedo con 1.000 a 2.000 milímetros por año. En la estación seca, esa misma guía observa temperaturas medias superiores a 24 °C y humedad relativa en torno al 70% en el sector más extendido del territorio.1720
La consecuencia es una provincia de contrastes: una misma jurisdicción reúne sectores semiáridos, valles con humedad suficiente para agricultura intensiva y enclaves más húmedos ligados a la topografía local. INAMHI provee los mapas climáticos, los boletines climáticos y agrícolas y la geoinformación hidrometeorológica que sirven de base institucional para leer esa variabilidad. En la práctica, el clima manabita se interpreta menos como un promedio provincial que como una suma de pisos y microzonas donde cambian la lluvia, la evapotranspiración, el déficit hídrico y la aptitud de los suelos para uno u otro cultivo.21
#Sequías y El Niño
La alternancia entre estación seca prolongada y lluvias concentradas vuelve a Manabí vulnerable en dos direcciones opuestas: por un lado, el déficit hídrico y la necesidad de pozos, albarradas y trasvases; por otro, las inundaciones, deslizamientos y desbordamientos asociados a eventos intensos de lluvia. La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos registró en 2024 eventos peligrosos por lluvias en 21 cantones y 68 parroquias de la provincia; la mayor parte correspondió a inundaciones, seguidas por deslizamientos, colapsos estructurales, hundimientos y socavamientos. Esa distribución muestra que las lluvias no solo afectan ríos y esteros, sino también vías, viviendas, cultivos e infraestructura básica.8
La relación entre lluvia extrema y territorio manabita no es reciente. Durante el episodio de El Niño 1997-1998, estudios sobre la cuenca del río Portoviejo documentaron una dinámica espacio-temporal de precipitaciones capaz de producir inundaciones severas en uno de los sistemas hidrológicos más importantes de la vertiente del Pacífico ecuatoriano. Ese mismo sistema concentra población, agricultura y abastecimiento de agua, por lo que cada anomalía pluvial se transforma con rapidez en una cuestión territorial y social. En 2024, la SNGR volvió a declarar emergencias locales en cantones como Chone, Tosagua y Puerto López por la fuerte estación invernal agravada por El Niño, con afectación a infraestructura vial y peatonal, sectores urbanos y rurales, y áreas productivas.822
#Asentamiento humano y producción
La geografía física de Manabí ayuda a explicar la distribución de sus asentamientos. La planificación provincial observa que Portoviejo, Montecristi, Jaramijó, Rocafuerte y Manta concentran 47,82% de la población provincial, un dato coherente con la presencia de valles fluviales, corredores viales, agua regulada y salida al mar. La cuenca del Portoviejo, además, presenta una zona antrópica relativamente más extensa que otras cuencas y aporta agua para uso humano y riego en varias localidades. En la cuenca baja, Poza Honda, los trasvases y el afluente Río Chico permiten sostener poblaciones y áreas de riego; en la cuenca del Chone, La Esperanza, Río Grande y Simbocal cumplen la misma función para el norte interior y para la llanura agropecuaria asociada a esa cuenca.17
Esa relación entre agua, relieve y poblamiento también organiza la producción. En la cuenca del Portoviejo, el plan provincial describe suelos aptos para actividades agropecuarias en casi 65% del área, con cultivos concentrados en zonas específicas: maíz duro, cacao, café, frutales tropicales y hortalizas. En la cuenca del Chone, las obras hidráulicas aseguran agua para riego, camaroneras y ganadería, mientras que el control de inundaciones protege áreas bajas y asentamientos. A escala provincial, la agricultura sigue siendo en buena medida estacional, dependiente de la lluvia y de la capacidad de almacenar agua para el verano. Por eso, la combinación de litoral, cordillera costera, cuencas y clima no solo define el paisaje de Manabí: define también dónde se vive, qué se cultiva, cómo se transporta el agua y qué zonas quedan más expuestas a la pérdida de tierras, cosechas y vías cuando el régimen climático se altera.1720822
#Historia
La historia de Manabí no comienza con la provincia republicana ni con una fecha de fundación única, sino con una sucesión de ocupaciones humanas, reordenamientos coloniales y resignificaciones políticas posteriores. El nombre actual designa una jurisdicción del siglo XIX sobre un territorio que ya había acumulado una larga historia arqueológica en la costa central ecuatoriana. El Manabí provincial, el espacio manteño, las jurisdicciones coloniales de Portoviejo y del norte manabita, y los centros de memoria republicana corresponden a escalas históricas distintas que más tarde condensaron la identidad política provincial.2324
#Sociedades prehispánicas y cultura Manteña
En el litoral que hoy corresponde a Manabí se desarrollaron sociedades del Período Formativo y, más tarde, sociedades del período de Integración, entre ellas la cultura Manteña. El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural sitúa a la Cultura Manteña entre aproximadamente 500 d. C. y 1534 d. C., y la describe como una sociedad de fuertes jerarquías, capaz de organizar comercio marítimo y fluvial, intercambio a larga distancia y ritualidad vinculada a los solsticios. Las balsas con vela, la circulación de conchas Spondylus como medio de trueque y las sillas de piedra en forma de U son algunos de los rasgos más visibles de esa civilización arqueológica.2325
Esa denominación es arqueológica e histórica, no una etiqueta equivalente a la identidad provincial actual. La literatura institucional y académica la usa para designar sociedades prehispánicas del litoral, en particular las vinculadas al complejo Hojas-Jaboncillo, a Manta, a la franja costera de la actual provincia y a otras áreas del Pacífico ecuatoriano. Los estudios del INPC en Cerros Hojas-Jaboncillo muestran una organización jerárquica compleja, con vestigios, edificaciones y objetos que permiten reconstruir prácticas políticas, rituales y económicas de alta especialización.23
La investigación arqueológica más reciente refuerza ese cuadro. Un estudio de la Universidad San Francisco de Quito sobre la organización política manteña en la costa de Manabí subraya que la relación entre complejidad sociopolítica y variación cerámica es un indicador útil para leer esas sociedades, no como aldeas aisladas sino como formaciones regionales con diferencias internas y redes de intercambio. A su vez, el artículo de STRATA sobre Cerro Jaboncillo sostiene que la evidencia arquitectónica sugiere relación diplomáticas e interacciones entre centros incaicos y centros rituales y administrativos manteños, más que una simple sustitución lineal de una cultura por otra.2624
En Manabí, la arqueología de superficie y los hallazgos urbanos también han confirmado esa profundidad histórica. El INPC resguardó restos de cerámica y osamentas presumiblemente manteñas en el centro histórico de Portoviejo, además de huellas de incendios y de un inmueble patrimonial consumido a fines del siglo XIX. Ese hallazgo es importante porque muestra que la ciudad republicana se asentó sobre capas anteriores de ocupación, destrucción y reconstrucción, en lugar de emerger sobre un vacío histórico.27
#Colonia y reorganización territorial
La conquista española reconfiguró este territorio sin unificarlo. La prefectura de Manabí recuerda que Francisco Pacheco fundó Villa Nueva de San Gregorio de Portoviejo el 12 de marzo de 1535, después de desembarcar en Picoazá, y que en ese momento Portoviejo integraba una de las tenencias del Corregimiento de Guayaquil junto con Montecristi, Charapotó, Picoazá, Jipijapa, Pichota y Manta. Eso significa que la primera gran organización colonial del espacio manabita fue una red de tenencias, parroquias y dependencias subordinadas a jurisdicciones mayores, no una provincia con límites comparables a los actuales.24
La colonia tampoco produjo una sola trayectoria administrativa para todo el litoral manabita. Mientras el eje de Portoviejo quedó articulado al Guayaquil colonial, la tradición histórica de Chone recuerda que en 1735 esa zona pertenecía a la gobernación de Esmeraldas y que su asentamiento indígena, asociado a los Chunos o Chonanas, tenía una organización propia en la ribera de los ríos Chone, Chagualú y Garrapata. La consecuencia histórica es clara: la geografía republicana de Manabí se construyó sobre una cartografía colonial fragmentada, con jurisdicciones distintas para valles, estuarios y caminos de costa y de sierra baja.28
En el sur provincial, Jipijapa siguió una trayectoria igualmente marcada por el contacto, el despojo y la reorganización colonial. La prefectura la presenta como un territorio antiguamente poblado por la tribu indígena Xipixapa y afectado por saqueos e incendios durante la conquista y el tránsito colonial. Aunque esa memoria local mezcla tradición y reconstrucción histórica, sí permite entender que el sur manabita no fue un margen pasivo, sino una zona de fuerte ocupación humana, transformación productiva y disputa por el control territorial.29
#Provincialización, cantonalización y capitalidad
La provincialización de Manabí se produjo el 25 de junio de 1824, cuando el Congreso colombiano expidió la Ley de División Territorial. La prefectura y la memoria cantonal de Jipijapa coinciden en que la nueva provincia quedó integrada inicialmente por los cantones Portoviejo, Jipijapa y Montecristi. Ese acto fue decisivo porque transformó un mosaico de jurisdicciones coloniales en una unidad política republicana con gobernador, capital y representación propia dentro de la Gran Colombia.29
Portoviejo quedó como capital y sede administrativa de la nueva provincia. La posición de la ciudad venía de antes: había sido fundada en 1535 y funciónó como tenencia colonial, pero la capitalidad provincial republicana se consolidó después de la catástrofe que afectó a Montecristi a mediados de 1867, cuando, según la memoria institucional manabita, la antigua capital provincial transfirió esa condición a Portoviejo. Desde entonces, la capital ha concentrado la administración política provincial, mientras su centro histórico conserva huellas de incendios, ocupaciones antiguas y reapropiaciones urbanas posteriores.243027
Montecristi desempeñó un papel singular en esa primera república manabita. La prefectura recuerda que fue una de las primeras ciudades en plegarse a la Revolución del 9 de octubre de 1820, que proclamó su independencia el 23 de octubre de ese año y que alcanzó la categoría de cantón el 25 de junio de 1822. Después fue capital provincial durante los primeros años republicanos, hasta la pérdida de esa primacía a causa del incendio que la devastó. Su papel histórico no se limita a una fecha o a un hecho: también es la ciudad natal de Eloy Alfaro y el lugar donde la memoria pública ecuatoriana ha ubicado parte importante de la tradición liberal radical.3031
Jipijapa ocupó el extremo sur del nuevo orden provincial. Además de su temprana incorporación a la vida política republicana, la ciudad quedó asociada a una fuerte tradición urbana y patrimonial, hasta el punto de que el Ministerio de Cultura y Patrimonio y el INPC la declararon Ciudad Patrimonio Cultural Nacional en 2017, tras un expediente técnico sobre técnicas constructivas tradicionales y evolución urbana. En términos históricos, eso importa porque Jipijapa representa una continuidad entre la ciudad colonial, la economía cafetalera y la formalización de una memoria arquitectónica propia dentro de Manabí.2916
Chone, por su parte, muestra que la provincia no se agotó en el trío inicial de 1824. Su historia institucional recuerda el asentamiento de los Chunos, la fundación eclesiástica de Villa de San Cayetano de Chone en 1735, su pertenencia inicial a la gobernación de Esmeraldas y su cantonización por decreto legislativo del 24 de julio de 1884. Con ello, el norte manabita se consolidó como un espacio de expansión territorial y de integración provincial tardía, con un peso ganadero y vial que terminaría por volverlo uno de los ejes internos de la provincia republicana.28
#Eloy Alfaro y memoria republicana
La memoria republicana de Manabí quedó marcada de manera decisiva por Eloy Alfaro. Montecristi lo asume como su figura histórica mayor: allí nació el 25 de junio de 1842, y allí también se concentra el conjunto memorial de Ciudad Alfaro, levantado en las faldas del cerro montecristense. La institución que administra ese espacio explica que el centro cívico ocupa 5,4 hectáreas, que sus columnas remiten a la arquitectura de la Cultura Manteña y que el complejo rinde homenaje a Alfaro como figura de la Revolución Liberal y de la historia nacional.3031
Ese anclaje memorial no es solo biográfico. Ciudad Alfaro funciona como mausoleo, museo, archivo y espacio cívico; además, incorpora la memoria liberal dentro de un repertorio arquitectónico que toma referencias prehispánicas de la Costa, especialmente de la cultura Manteña. La operación simbólica es clara: la provincia no convierte el pasado precolombino en un mito de origen, pero tampoco lo separa de la memoria republicana, sino que coloca ambos estratos en diálogo dentro de un mismo paisaje de representación histórica.31
Las conmemoraciones públicas refuerzan esa centralidad. La Corporación Ciudad Alfaro y el Ministerio de Cultura recuerdan cada año el 28 de enero, fecha del asesinato de Alfaro en 1912, y el 5 de junio, día del triunfo de la Revolución Liberal de 1895. En Manabí, esas fechas no funcionan como simple ceremonial localista: organizan una memoria provincial de ciudadanía, laicidad, reformas institucionales y conflicto político, con Montecristi como principal escenario cívico.31
#Terremoto y reconstrucción
La memoria histórica manabita también incorpora una ruptura mucho más reciente: el terremoto del 16 de abril de 2016. La Prefectura de Manabí lo conmemora como un hecho que dejó centenares de fallecidos, miles de heridos y daños materiales severos, y el Registro Oficial recoge la Ley Orgánica de Solidaridad y Corresponsabilidad Ciudadana para la Reconstrucción y Reactivación de las Zonas afectadas por el terremoto. El PDOT provincial posterior a esa crisis toma la intensidad sísmica registrada en 2016 como punto de partida para la lectura de amenazas y para la planificación territorial, de modo que el sismo pasó a formar parte tanto de la memoria pública como de la racionalidad de la planificación.323334
El recorrido histórico de Manabí no es una línea continua desde los manteños hasta la provincia actual. Es una secuencia de capas: sociedades prehispánicas complejas, jurisdicciones coloniales fragmentadas, una provincialización republicana del siglo XIX y una memoria cívica que, desde Montecristi y Portoviejo, sigue reorganizando el pasado para explicar el presente territorial de la provincia.
#Población
Manabí registró 1.592.840 habitantes en el Censo Ecuador 2022. La ficha provincial del INEC también consignó 484.455 hogares y 468.744 viviendas particulares, una edad mediana de 28 años y una relación de sexo de 98 hombres por cada 100 mujeres. El tamaño promedio del hogar muestra una reducción sostenida en el tiempo: 4,6 personas en 2001, 4,0 en 2010 y 3,3 en 2022. La lectura de esos datos exige distinguir entre hogar y vivienda, dos unidades estadísticas distintas que el censo mide por separado.235
La distribución territorial muestra una mayoría urbana por población, aunque con un peso rural amplio. El 58,0% de la población provincial se ubicó en el área urbana y el 42,0% en la rural; entre las viviendas particulares ocupadas con personas presentes, la proporción fue 57,2% urbana y 42,8% rural. La misma infografía provincial registró 29.886 extranjeros residentes, cifra que corresponde a un stock poblacional asentado y no a un saldo migratorio ni a movilidad cotidiana.2
#Organización cantonal y concentración demográfica
El Clasificador Geográfico Estadístico 2026 del INEC confirma que Manabí se organiza en 22 cantones. Ese marco administrativo es importante porque separa con precisión cantón, cabecera cantonal, ciudad y capital provincial. Portoviejo es la cabecera cantonal de Portoviejo y la capital provincial; Manta es un cantón y una ciudad portuaria, pero no la capital; Bahía de Caráquez es la cabecera del cantón Sucre; y Sucre es la cabecera cantonal de 24 de Mayo. La tabla siguiente ordena los cantones por población censal de 2022 y conserva su cabecera administrativa.12
| Rango | Cantón | Cabecera cantonal | Población 2022 |
|---|---|---|---|
| 1 | Portoviejo | Portoviejo | 322.925 |
| 2 | Manta | Manta | 271.145 |
| 3 | Chone | Chone | 128.166 |
| 4 | El Carmen | El Carmen | 120.936 |
| 5 | Montecristi | Montecristi | 99.937 |
| 6 | Jipijapa | Jipijapa | 78.117 |
| 7 | Pedernales | Pedernales | 70.408 |
| 8 | Sucre | Bahía de Caráquez | 62.841 |
| 9 | Santa Ana | Santa Ana | 51.462 |
| 10 | Tosagua | Tosagua | 42.853 |
| 11 | Rocafuerte | Rocafuerte | 42.688 |
| 12 | Paján | Paján | 41.879 |
| 13 | Bolívar | Calceta | 41.827 |
| 14 | 24 de Mayo | Sucre | 31.473 |
| 15 | Pichincha | Pichincha | 30.380 |
| 16 | Jaramijó | Jaramijó | 29.759 |
| 17 | Flavio Alfaro | Flavio Alfaro | 26.415 |
| 18 | Puerto López | Puerto López | 25.630 |
| 19 | San Vicente | San Vicente | 24.997 |
| 20 | Junín | Junín | 22.324 |
| 21 | Jama | Jama | 16.588 |
| 22 | Olmedo | Olmedo | 10.090 |
La concentración demográfica es fuerte. Portoviejo y Manta reúnen juntos 37,3% de la población provincial; si se suman Chone y El Carmen, los cuatro cantones más poblados concentran 52,9% del total. A partir de ahí, Manabí desciende hacia una secuencia de cantones medianos y pequeños donde Montecristi y Jipijapa forman un segundo escalón, Pedernales y Sucre articulan el borde costero norte y el corredor Bahía de Caráquez, y cantones como Olmedo, Jama, Junín, San Vicente y Puerto López sostienen redes locales de menor escala.21
La geografía cantonal también deja ver una diferencia decisiva entre centro político, nodo urbano-portuario y periferia territorial. Portoviejo concentra la capitalidad administrativa; Manta organiza un gran eje urbano, comercial y portuario; Chone y El Carmen sostienen una segunda franja de alta población en el interior provincial; y cantones como Santa Ana, Tosagua, Rocafuerte, Paján y Bolívar articulan una red intermedia de cabeceras y parroquias rurales. La provincia no es homogénea: es un mosaico de centros medianos, ciudades intermedias y cantones de baja población enlazados por movilidad cotidiana, comercio y circulación de servicios.21
#Urbanidad, ruralidad y hogares
La mayoría urbana por población no elimina el peso territorial de la ruralidad. El eje Portoviejo-Manta, junto con Montecristi, Jaramijó, Chone, El Carmen y la cabecera de Sucre, estructura la mayor parte de la infraestructura administrativa, comercial y de servicios, mientras una parte considerable del territorio mantiene poblaciones dispersas y parroquias rurales de escala menor.21
La diferencia entre hogares y viviendas ayuda a leer mejor la estructura social. En 2022, la provincia registró 484.455 hogares y 468.744 viviendas particulares. Como un hogar no coincide necesariamente con una vivienda y una vivienda puede alojar más de una unidad de convivencia, esas cifras no son equivalentes. Sirven, en cambio, para ver que la provincia combina una base habitacional amplia con arreglos familiares que, en promedio, son más pequeños que en el pasado reciente.2
#Autoidentificación e identidades provinciales
La autoidentificación por cultura y costumbres muestra el peso particular de la identidad montubia en la provincia. En Manabí, el 62,9% de la población se autoidentificó como mestiza, el 33,6% como montubia, el 1,9% como afroecuatoriana, el 1,4% como blanca, el 0,2% como indígena y el 0,1% como otra categoría. La ficha provincial no separa una categoría chola independiente; en el cuadro censal publicado por INEC, las respuestas se agrupan en las seis categorías visibles y no en una taxonomía abierta de apelativos regionales.2
Estas proporciones describen autoidentificación declarada, no linaje biológico ni pertenencia cerrada a un solo grupo histórico. En una provincia costeña con una fuerte matriz rural y agrocomercial, el 33,6% montubio no es un dato folclórico sino una pista central para entender la autodescripción social de Manabí, su memoria rural y la persistencia de formas de vida asociadas al litoral, a la agricultura y a la oralidad regional.352
#Movilidad censal
La ficha provincial del INEC registra 29.886 extranjeros residentes en Manabí, una cifra de presencia asentada. La estructura urbana-rural y el dato de residencia habitual ubican población estable, mientras los flujos de entrada, salida, conmutación laboral y movilidad intercantonal corresponden a otra escala de medición.2
El Censo Ecuador 2022 fue ejecutado bajo metodología de derecho o jure. INEC define como persona censada a quien reside normalmente en la vivienda objeto del censo, donde duerme, prepara sus alimentos, come y se resguarda habitualmente, incluso si está ausente de forma temporal por trabajo, vacaciones, enfermedad u otras circunstancias. La residencia habitual es el criterio de conteo de la cifra provincial. Las proporciones rurales, urbanas, de autoidentificación y de cabecera pertenecen a bases administrativas o declarativas distintas.35
#Escalas censales
La lectura cantonal de Manabí distingue tres escalas que a menudo se confunden. La primera es la provincia, que reúne 22 cantones y fija la escala política mayor. La segunda es el cantón, que organiza cabecera, parroquias y población local. La tercera es la ciudad o la cabecera cantonal, que puede compartir nombre con el cantón, como Portoviejo o Manta, o diferir de él, como ocurre con Bahía de Caráquez en Sucre y con Sucre en 24 de Mayo. El Clasificador Geográfico Estadístico 2026 sirve para homogeneizar esa arquitectura administrativa, mientras que la infografía provincial de 2022 ordena la población según la misma división.12
La propia ficha del INEC usa porcentajes con un solo decimal y advierte que algunas categorías pueden no sumar 100% por redondeo. Ese criterio incide en la autoidentificación y en los cortes urbano-rural. En Manabí, como en el resto del país, el censo presenta residencia habitual y autodescripción declarada; la movilidad diaria, la estructura ocupacional y el parentesco social pertenecen a otras dimensiones de análisis.235
#Gobierno
Manabí articula su gobierno territorial en dos planos que se superponen y a la vez se distinguen con claridad: el Gobierno Autónomo Descentralizado Provincial, con sede en Portoviejo, y la Gobernación, que representa al Ejecutivo nacional en la provincia. Esa diferencia institucional importa porque la prefectura conduce la planificación territorial, la vialidad provincial, el riego, la gestión ambiental y el fomento productivo en el marco del COOTAD, mientras la Gobernación encuadra su acción en la gobernabilidad, el orden público y la seguridad interna, con capacidad de coordinación sobre intendencias, comisarías, Policía Nacional y mesas territoriales de seguridad.363738
#Prefectura y Consejo Provincial
El prefecto o prefecta provincial es la primera autoridad del ejecutivo provincial y es elegido en binomio con la viceprefectura por votación popular. En el período 2023-2027, el Consejo Nacional Electoral entregó credenciales a las autoridades electas de Manabí y registró la reelección de Leonardo Orlando como prefecto, habilitado para el período 2023-2027. La Prefectura mantiene hoy a Leonardo Orlando como prefecto y a Kelly Buenaventura como viceprefecta en su portal institucional. La instalación del Consejo Provincial para ese mismo período se realizó el 6 de junio de 2023, con la posesión de 22 alcaldes cantonales y 7 presidentes de gobiernos parroquiales rurales como consejeros provinciales, además de la presidencia que corresponde al prefecto con voto dirimente.373940
La estructura legal de ese nivel de gobierno está definida en el COOTAD. El artículo 42 asigna a las prefecturas la planificación del desarrollo provincial y de los planes de ordenamiento territorial en articulación con la planificación nacional, regional, cantonal y parroquial; la planificación, construcción y mantenimiento del sistema vial provincial fuera de las zonas urbanas; las obras en cuencas y microcuencas; la gestión ambiental provincial; los sistemas de riego; el fomento de actividades productivas, especialmente agropecuarias, y la cooperación internacional para el cumplimiento de sus competencias. El artículo 43 define al consejo provincial como órgano de legislación y fiscalización; el artículo 47 le da facultad normativa mediante ordenanzas, acuerdos y resolución; y el artículo 50 señala que el prefecto representa legalmente al gobierno provincial, ejerce la función ejecutiva, convoca y preside el consejo, propone ordenanzas y dirige la elaboración del plan provincial de desarrollo y ordenamiento territorial y del plan operativo anual.36
Ese diseño explica por qué la prefectura de Manabí no es un municipio ampliado ni una oficina técnica de obras, sino un gobierno intermedio con competencias propias y, al mismo tiempo, dependiente de coordinación multinivel. En la práctica, su margen de acción se concentra sobre corredores viales rurales, puentes, caminos vecinales, riego y drenaje, manejo ambiental y apoyo al aparato productivo rural. La cooperación con cantones, juntas parroquiales y entidades del Ejecutivo no es accesoria, sino la forma ordinaria de ejecución de la competencia provincial.36
#Gobernación, municipios y parroquias
La Gobernación de Manabí no pertenece al régimen de autonomías descentralizadas. Funciona como ente desconcentrado del Ejecutivo y su rol principal es orientar la política del Gobierno Nacional en la provincia, fortalecer la gobernabilidad y sostener la seguridad interna. En su propia misión institucional, la Gobernación se describe como el órgano que direcciona la política nacional en la provincia y preserva la paz social, el orden y la seguridad interna. En 2026 su titular es Aurora Valle, quien preside además la coordinación de seguridad provincial junto con delegados ministeriales, la Fuerza Pública y los gobiernos locales.3841
Los municipios, por su parte, son los responsables de la escala cantonal y urbana. El COOTAD les atribuye el control del uso y ocupación del suelo en el cantón, la planificación, construcción y mantenimiento de la vialidad urbana, la provisión de agua potable, alcantarillado, depuración de aguas residuales, manejo de desechos sólidos y saneamiento ambiental, además del tránsito y el transporte terrestre dentro de su circunscripción.36
Las juntas parroquiales rurales completan el nivel de base del sistema. El COOTAD les reconoce autonomía política, administrativa y financiera, les asigna función de desarrollo sustentable parroquial, promoción de equidad e inclusión, participación ciudadana, elaboración del plan parroquial de desarrollo y ordenamiento territorial, ejecución coordinada de acciones derivadas de sus competencias y vigilancia de obras y servicios públicos. En materia vial, el código dispone que la vialidad parroquial y vecinal se planifique y mantenga en coordinación con la prefectura. En Manabí, esto es decisivo porque la provincia está compuesta por 22 cantones y una red extensa de parroquias rurales y urbanas que no pueden ser gobernadas como una sola unidad homogénea.36
#Planificación provincial y alineación 2026
La planificación territorial provincial de Manabí se organiza alrededor del PDOT 2023-2027, que la Prefectura mantiene como instrumento principal de desarrollo y ordenamiento. Su cartera institucional de planificación incluye, además del PDOT, un plan de convivencia ciudadana y prevención y un plan multiamenaza, lo que muestra que la seguridad no se concibe solo como reacción policial, sino también como parte de la planificación territorial y de la gestión del riesgo.42
La actualización del PDOT dio un salto normativo en 2024 y quedó formalizada en 2026. En julio de 2024 el Consejo Provincial aprobó en primera instancia la actualización del plan 2023-2027; luego, la Prefectura publicó en febrero de 2026 la ordenanza que contiene la actualización del PDOT 2023-2027 y su alineación al Plan Nacional de Desarrollo 2025-2029, con publicación en Edición Especial del Registro Oficial número 1105 del 24 de febrero de 2026. La propia documentación institucional de la Prefectura presenta el plan como una actualización orientada por ejes de desarrollo que incluyen Manabí Vivo y Sostenible, Manabí Integrado, Manabí Humano, Manabí Próspero y Manabí Estratégico, entre ellos un eje de seguridad humana y convivencia pacífica.433
Esa alineación no es solo un trámite de armonización documental. El Decreto Ejecutivo 279 reformó el reglamento de la LOOTUGS y dispuso que, por única vez, las autoridades de los GAD elegidas para el período 2023-2027 adecuaran, actualizaran y aprobaran sus PDOT hasta el 6 de noviembre de 2024. En términos provinciales, eso significó que Manabí debió reordenar su planificación de mediano plazo para hacerla compatible con los objetivos nacionales vigentes y con la estrategia territorial correspondiente, sin perder de vista sus problemas persistentes de conectividad, desigualdad territorial, vulnerabilidad climática y presión sobre la infraestructura rural.3
#Reconstrucción sísmica
El terremoto del 16 de abril de 2016 fue un hecho sísmico, pero para Manabí también fue un problema institucional y territorial de largo aliento. La respuesta pública no se limitó a la emergencia inmediata: afectó vivienda, infraestructura vial, servicios públicos, equipamientos de salud y educación, y cadenas productivas que dependían de la conectividad intercantonal y de la recuperación de la inversión local. La Ley Orgánica de Solidaridad y de Corresponsabilidad Ciudadana para la Reconstrucción y Reactivación de las Zonas Afectadas por el Terremoto de 16 de Abril de 2016 definió como objetivo recaudar contribuciones solidarias para permitir la planificación, construcción y reconstrucción de la infraestructura pública y privada, así como la reactivación productiva de las zonas golpeadas por el sismo.44
En ese marco, la reconstrucción en Manabí reacomodó la relación entre el Estado central, la prefectura, los municipios y las parroquias. La propia documentación parlamentaria de 2016 señaló que la reconstrucción buscaba recuperar servicios públicos, vialidad, vivienda y reactivación productiva en las zonas afectadas. Más tarde, la cooperación técnica internacional para la reactivación productiva post-terremoto en Manabí y Esmeraldas se extendió durante 54 meses y reunió más de 16 iniciativas orientadas a recuperar empleo, formar cadenas productivas y sostener procesos de recuperación territorial, bajo liderazgo de la Secretaría Nacional de Planificación y de una secretaría ad hoc vinculada al comité de reconstrucción.4546
Para la provincia, esa experiencia dejó una consecuencia duradera: la planificación ya no podía tratarse como un simple inventario de obras. La conectividad rural, el riego, la estabilidad de los asentamientos, la calidad de las infraestructuras y la gestión de riesgos quedaron integrados en una misma lógica institucional. En la práctica, el terremoto convirtió la reconstrucción en una agenda de gobernanza territorial, no solo en una respuesta de ingeniería o de asistencia humanitaria.4346
#Seguridad pública y convivencia territorial
La seguridad pública en Manabí se maneja mediante una combinación de prevención, control administrativo, coordinación policial y planificación territorial. La Gobernación preside comités de seguridad provincial y declara trabajar de forma articulada con los gobiernos autónomos descentralizados, la Intendencia General de Policía, las comisarías cantonales y la Fuerza Pública. En paralelo, la Prefectura incorpora la convivencia ciudadana y la prevención dentro de su planificación y mantiene instrumentos para gestión multiamenaza, lo que sugiere una lectura institucional en la que la seguridad se vincula con movilidad, espacio público, riesgos, cohesión social y capacidades locales de respuesta.4142
La evidencia oficial disponible para seguimiento de la violencia letal proviene del Ministerio del Interior y se pública en Datos Abiertos Ecuador bajo el conjunto de homicidios intencionales, con actualización del 17 de abril de 2026 y series históricas desagregadas a nivel territorial. Ese insumo permite observar tendencias por provincia sin sobredimensionar el fenómeno ni reducir la seguridad a una sola variable. En Manabí, el dato homicida se interpreta junto con otras dimensiones de seguridad humana, entre ellas violencia intrafamiliar, extorsión, control del territorio, movilidad rural, presencia policial y capacidad institucional local.47
#Economía
La economía de Manabí combina un gran mercado interno urbano, un complejo agroproductivo de secano, una base pesquera e industrial ligada al mar y una presencia pública inusualmente alta en el valor agregado provincial. En las cuentas regionales provisionales del Banco Central del Ecuador para 2024p, el valor agregado bruto de la provincia alcanzó 6.377.270,46 miles de USD corrientes, equivalente a unos US$ 6.377,3 millones. Esa cifra no se lee como un bloque homogéneo: el BCE desagrega ramas de actividad exclusivas, de modo que comercio, administración pública, enseñanza, salud, pesca, manufactura alimentaria, logística y construcción se registran por separado y no se suman sin distinguir su función económica.5
La estructura sectorial muestra una economía concentrada en pocas ramas grandes. El comercio al por mayor y al por menor, junto con la reparación de vehículos automotores y motocicletas, aportó 1.133.928,28 miles de USD, es decir, 17,78% del VAB provincial. Le siguieron administración pública y defensa, con 743.536,28 miles de USD y 11,66%; enseñanza pública no de mercado, con 516.039,94 miles de USD y 8,09%; la rama de cultivo de plantas con las que se preparan bebidas, con 503.925,40 miles de USD y 7,90%; preparación y conservación de pescado y otros productos acuáticos elaborados, con 390.936,46 miles de USD y 6,13%; construcción, con 311.512,37 miles de USD y 4,88%; actividades inmobiliarias, con 263.191,69 miles de USD y 4,13%; actividades de atención de la salud humana y de asistencia social no de mercado, con 258.242,94 miles de USD y 4,05%; procesamiento y conservación de camarón, con 232.348,06 miles de USD y 3,64%; actividades profesionales, científicas, técnicas y administrativas, con 229.036,64 miles de USD y 3,59%; y pesca y acuicultura, con 191.068,64 miles de USD y 3,00%.5
En conjunto, las once ramas más grandes concentran cerca de 74,9% del VAB provincial. Esa concentración ayuda a entender por qué la economía manabita no depende de un solo motor, sino de un conjunto de especializaciones que se cruzan: consumo urbano, administración estatal, servicios sociales, cultivo de cacao y café, pesca industrial y artesanal, y transformación de alimentos del mar. La rama de cultivo de plantas con las que se preparan bebidas, que en Manabí se explica sobre todo por cacao y café como cultivos primarios, es una de las mayores del territorio; al mismo tiempo, las ramas de elaboración de cacao y de café aparecen separadas en el BCE y tienen un peso mucho menor, lo que sugiere que una parte importante del valor sigue capturándose en el cultivo y la intermediación antes que en la industrialización local.511
#Agro cadenas
La base agropecuaria provincial sigue dominada por cultivos de amplio alcance territorial y por cadenas rurales que abastecen mercado interno, procesamiento y exportación. En las estadísticas agropecuarias 2023 del Ministerio de Agricultura y Ganadería, Manabí registra como principales cultivos, por superficie sembrada, maíz duro seco con 119.130 hectáreas y 467.270 toneladas producidas; cacao con 117.080 hectáreas y 65.504 toneladas; plátano con 60.003 hectáreas y 307.447 toneladas; arroz con 18.026 hectáreas y 86.260 toneladas; café con 6.825 hectáreas y 1.708 toneladas; y palma africana con 5.413 hectáreas y 43.037 toneladas.11
Ese patrón muestra dos realidades complementarias. Por un lado, maíz, plátano y arroz sostienen el abastecimiento provincial y regional como cultivos extensivos de alto volumen. Por otro, cacao y café siguen ocupando un lugar estratégico por la superficie y por la vinculación histórica con la identidad productiva de la provincia, aunque el rendimiento físico sea menor que el de los granos de mayor tonelaje. La rama del BCE vinculada a cultivos de bebidas confirma ese peso: la provincia no solo produce alimentos básicos, sino también materias primas agrícolas que alimentan cadenas de valor más especializadas, como la molienda, el secado, el tueste, el chocolate y la exportación de cacao fino o de café en grano.511
La lectura provincial separa esa agricultura de secano de las manufacturas asociadas. Manabí no es únicamente una provincia de siembra; también es una provincia de acopio, secado, clasificación y procesamiento. En esa transición entre campo y mercado aparecen los centros urbanos de Portoviejo, Manta, Montecristi, Jaramijó, Jipijapa y otros cantones, donde se concentran intermediación comercial, servicios técnicos, logística de alimentos y parte de la transformación industrial. Esa articulación entre campo y ciudad explica por qué comercio, servicios y administración pública pesan tanto en el VAB al mismo tiempo que la agricultura mantiene una presencia territorial amplia.511
#Pesca y manufactura
El eje pesquero es una de las piezas más distintivas de la provincia. El BCE separa tres ramas diferentes y todas tienen peso propio: pesca y acuicultura aportó 191.068,64 miles de USD; preparación y conservación de pescado y otros productos acuáticos elaborados, 390.936,46 miles de USD; y procesamiento y conservación de camarón, 232.348,06 miles de USD. Juntas superan 814 millones de USD corrientes, una magnitud que muestra que el valor no se agota en la captura o el desembarque, sino que continúa en plantas de fileteo, enlatado, congelación, empacado y exportación.5
La especialización productiva también se observa en el registro nacional de empresas pesqueras del Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca. Allí aparecen, entre otras, firmas procesadoras y comercializadoras ubicadas en Manabí y concentradas sobre todo en Manta, Portoviejo, Jaramijó y Montecristi, como SEAFMAN C.A., TECOPESCA, Industria Atunera Arrecifes-Marinos S.A. y CAMAR-EXPO S.A. Ese tejido empresarial no es un detalle accesorio: ayuda a explicar por qué la provincia combina una pesca de captura relevante con una manufactura alimentaria marina también importante, especialmente vinculada al atún y a los mariscos.48
El PDOT provincial refuerza esa misma lectura. Su diagnóstico identifica a la Terminal Internacional del Puerto de Manta como un espacio donde se movilizan graneles sólidos, carga general, graneles líquidos, carga contenerizada y pesca, con predominio de importación en la carga internacional. Para 2023, la terminal internacional movilizó 1.105.736 toneladas de carga internacional, de las cuales 98% correspondió a importación, 1% a exportación y 1% a trasbordo; además, descargó 93.418 toneladas de pesca proveniente de barcos de bandera nacional.49
La Terminal Pesquera y de Cabotaje completa esa función. Según el mismo PDOT, en 2023 arribaron a ambas terminales 641 buques de la flota pesquera industrial de bandera nacional; 69% fueron atendidos en el terminal pesquero y de cabotaje y 31% en el terminal internacional. Ese año se descargaron 169.062 toneladas de pesca nacional en ambos terminales, con 55% de la carga pesquera movilizada por la terminal internacional y 45% por el terminal pesquero y de cabotaje. La infraestructura portuaria, por tanto, no es solo un punto de embarque o descarga, sino el soporte físico de una cadena de valor marina que integra captura, fondeo, atraque, transformación y comercio exterior.49
#Puerto de Manta y logística
La autoridad portuaria local también confirma esa centralidad operativa. En su portal institucional, la Autoridad Portuaria de Manta mantiene servicios en línea para tráfico de naves, permisos de operación, atraque o fondeo y accesos al terminal pesquero y de cabotaje, lo que muestra que el puerto sigue siendo un nodo de gestión permanente y no un simple punto de paso. La organización administrativa del puerto distingue entre el terminal internacional, administrado por la empresa concesionaria TPM, y el terminal pesquero y de cabotaje, administrado por la APM.10
En términos territoriales, esa infraestructura ordena parte del comercio exterior y de la logística provincial. El transporte y almacenamiento, aunque mucho más pequeño que el comercio en valor agregado, suma 160.812,36 miles de USD y 2,52% del VAB, una escala coherente con el papel del corredor Manta-Jaramijó-Montecristi y con la conexión entre puerto, bodegas, plantas procesadoras, transporte terrestre y mercados urbanos. El puerto alimenta, orienta y redistribuye una parte del comercio provincial.54910
#Comercio, sector público y trabajo
El peso del comercio y del Estado es una de las marcas más claras de la economía manabita. El comercio concentró la mayor rama del VAB provincial, por encima de la administración pública, la educación pública y la salud no de mercado. Si se agrupan esas tres últimas ramas, la presencia pública alcanza 1.517.819,16 miles de USD corrientes, equivalentes a 23,80% del VAB provincial. No se trata de un componente secundario: en Manabí, el sector público participa de manera estructural en la producción de valor, tanto por servicios administrativos como por educación y salud.5
La actividad comercial, por su parte, enlaza los centros urbanos con los flujos agroindustriales y portuarios. Portoviejo y Manta concentran buena parte de la intermediación, la distribución mayorista, los servicios automotrices, los almacenes, el comercio de insumos y la venta al detalle; pero el peso de la rama en el BCE refleja un fenómeno provincial más amplio, donde el intercambio interno, la logística costera y la demanda de una población numerosa sostienen una parte decisiva del ingreso provincial. Esa es una de las razones por las que una provincia con fuerte base agrícola y pesquera no queda reducida a lo primario: la circulación de mercancías y servicios urbanos es, en sí misma, una rama central de su economía.5
En el mercado laboral, la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo del INEC muestra que Manabí sigue expuesta a formas de ocupación poco estables. En la ENEMDU anual 2024, la provincia registró una tasa de empleo bruto de 54,3% y una tasa de subempleo de 27,3%. El mismo tablero estadístico provincial sitúa a Manabí entre las provincias con subempleo elevado, lo que indica que el volumen de actividad económica no se traduce automáticamente en empleo adecuado suficiente.50
La relación entre estructura productiva y empleo es desigual. El comercio, el puerto, la agroindustria y la administración pública absorben una parte sustantiva de la demanda de trabajo, pero conviven con subempleo y ocupaciones estacionales ligadas a la agricultura, la pesca y la transformación alimentaria. En la práctica, eso significa que la economía provincial tiene una base robusta y diversificada, pero también una calidad del empleo que sigue dependiendo de la estacionalidad, de la escala empresarial y de la capacidad de añadir valor localmente a sus cadenas productivas.54950
#Infraestructura
La infraestructura de Manabí organiza buena parte de su integración territorial. En una provincia con una población distribuida entre el eje metropolitano de Portoviejo-Manta y un conjunto amplio de cantones rurales, la movilidad terrestre, el acceso al agua, la energía, la conectividad digital y las obras de riego y drenaje no son sistemas separados, sino capas de una misma estructura material que condiciona la vida económica y cotidiana. El propio PDOT provincial trata este conjunto bajo la idea de un territorio “conectado”, porque la distancia entre cabeceras, recintos, zonas agrícolas, puertos y servicios urbanos sigue siendo uno de los principales factores que explican las brechas internas de Manabí.9
#Red vial y movilidad terrestre
La red vial de Manabí combina una competencia estatal, una competencia provincial y tramos delegados o coordinados entre niveles de gobierno. El Ministerio de Transporte y Obras Públicas clasifica la red vial estatal como la malla estratégica del país, integrada por corredores arteriales y vías colectoras; en Manabí, esa red estatal suma 1.192,91 km. De ese total, 512,13 km corresponden a vías arteriales y 680,78 km a vías colectoras. El PDOT provincial identifica como ejes principales la E15 o Troncal del Pacífico, la E30 y la E38: la E15 recorre la franja litoral de norte a sur; la E30 articula el territorio de oeste a este con la costa, la Sierra central y el oriente; y la E38 vincula la zona de Santo Domingo con Rocafuerte y atraviesa la franja de mayor especialización productiva del sector primario.951
El estado de esa red estatal no es homogéneo. Según el diagnóstico provincial, el 12,52% se encontraba en estado muy bueno, el 46,80% en estado bueno, el 35,22% en estado regular y el 5,45% en condición que obliga a circular con precaución. Esa distribución confirma una red funcional, pero sometida a desgaste y a tramos que requieren mantenimiento frecuente, sobre todo en los corredores que conectan puertos, centros urbanos y zonas agrícolas. El tramo Portoviejo-Pichincha de la E30, por ejemplo, es señalado como uno de los sectores que presentaba condicionamientos de circulación, mientras que la conexión Montecristi-Nobol funciona como enlace hacia Guayas y como soporte logístico del vínculo entre Manta y el sur del país.9
La red vial provincial, por su parte, cumple la tarea de conectar cabeceras cantonales, cabeceras parroquiales rurales, asentamientos humanos y la propia red estatal. El PDOT la describe como una red extensa y decisiva para la distribución de la producción y la accesibilidad interna. En su clasificación general aparece una red vial provincial de 57.227 km, mientras que el inventario vial identificado por la Dirección de Vialidad e Infraestructura Pública registra 11.128,67 km. Ambas cifras corresponden a escalas distintas de clasificación y apuntan a una red rural muy amplia, en la que no todos los tramos alcanzan la misma calidad de rodadura ni el mismo nivel de servicio.9
Ese desbalance aparece con claridad en los indicadores de materialidad y estado de la capa de rodadura. Del total de la red vial provincial inventariada, el 45,58% presenta materialidad adecuada, el 47,24% tiene terminación regular y el 7,18% conserva una superficie no adecuada. Si se observa el estado general de la capa de rodadura, el 46,20% se encuentra en condición adecuada y el 53,80% en estado regular o malo. La red existe y conecta, pero en los tramos condicionados por topografía, geología y drenaje natural los tiempos de viaje, la seguridad y el confort dependen del mantenimiento continuo.9
La provincia también dispone de una infraestructura de puentes significativa. El inventario institucional contabiliza 736 puentes, de los cuales 665 son de hormigón armado, 67 metálicos, 3 de madera y 1 mixto. En cuanto a estado, el 60,29% aparece como bueno, el 39,02% como regular y el 0,67% como malo. Para una provincia atravesada por ríos, esteros, cuencas bajas y pasos de agua asociados al régimen invernal, el puente no es un elemento accesorio: define continuidad territorial, acceso escolar, circulación de carga y conectividad de los servicios de salud y abastecimiento.9
La movilidad terrestre se apoya, además, en terminales y puntos de intercambio que no están repartidos de manera uniforme. El PDOT identifica terminales terrestres en Pedernales, El Carmen, Bahía de Caráquez, Chone, Calceta, Portoviejo, Manta, Puerto López, Paján, Jipijapa, Flavio Alfaro y Rocafuerte, lo que deja ver que la estructura de transporte se organiza alrededor de algunos nodos mayores y no como una malla plenamente capilarizada en toda la provincia. Esa concentración territorial explica por qué la red vial rural sigue siendo la base material para sacar producción agrícola, mover pasajeros y conectar recintos con mercados y servicios.9
#Puertos, terminales y aeropuerto
Manabí tiene en Manta su principal plataforma marítima. El puerto se ubica a unas 25 millas náuticas de la ruta internacional de tráfico, a una hora de navegación de ese corredor y a 24 horas del Canal de Panamá. El PDOT lo describe como un puerto abierto al mar, con calado natural de 12 metros, de carácter multipropósito y con capacidad para atender distintos tipos de carga durante todo el año. Esa condición no solo lo distingue dentro de la costa ecuatoriana; también lo vuelve un nodo que articula importación, exportación, pesca industrial, cabotaje, cruceros y trasbordo.9
La infraestructura portuaria de Manta se divide entre el Terminal Internacional, administrado por Terminal Portuario de Manta desde 2017, y el Terminal Pesquero y de Cabotaje, administrado por la Autoridad Portuaria de Manta. El propio puerto mantiene servicios en línea para su operación y consulta de tráfico de naves, lo que da cuenta de una logística que combina atención presencial y gestión digital. En la jurisdicción también operan dos puertos privados y tres facilidades pesqueras artesanales, de modo que la costa manabita no depende de un único muelle, sino de un sistema portuario diversificado.910
La escala económica del puerto es central para entender la economía litoral de la provincia. En 2023, la terminal internacional movilizó 1.105.736 toneladas de carga internacional, con predominio de importación de graneles sólidos, carga general y graneles líquidos; el puerto en conjunto registró 984.602 toneladas de importación, 14.679 toneladas de exportación y 12.940 toneladas de trasbordo. Ese mismo año arribaron 34 buques crucero con 42.163 visitantes, se movilizaron 446 buques de bandera internacional y se descargaron 169.062 toneladas de pesca nacional en ambos terminales. La propia terminal pesquera mostró saturación operativa: la disponibilidad de muelle era de 440 metros de línea de atraque, mientras que la flota requería cerca de 900 metros para evitar congestión. Esa tensión explica por qué el puerto combina fortaleza logística con una necesidad recurrente de ampliación y ajuste operativo.9
En el extremo aéreo, Manabí depende sobre todo del Aeropuerto Internacional Eloy Alfaro, en Manta. Es el único aeropuerto de la provincia con capacidad para movilizar pasajeros y carga de manera regular, y además está estratégicamente conectado con las vías E15 y E30. El PDOT lo sitúa a 15 metros sobre el nivel del mar, en un clima cálido-seco tropical, y registra para 2023 un tráfico doméstico regular de 149.077 ingresos y 147.638 salidas, además de 60,44 toneladas de carga doméstica de entrada y 77,40 toneladas de salida. La Dirección General de Aviación Civil informó en enero de 2025 la firma del acta de entrega de obra pública del aeropuerto por parte del MTOP, en el marco de trabajos de adaptación y reconstrucción que incluyeron nuevo terminal de pasajeros, torre de control, cerramiento perimetral y mantenimiento de pista. Esa secuencia muestra que la infraestructura aérea sigue en proceso de consolidación, no como un activo estático, sino como una instalación que ha debido adaptarse a daños y modernizaciones sucesivas.952
El aeropuerto de Los Perales, en San Vicente, complementa esa red desde una escala menor. El PDOT lo describe como una infraestructura apta para aeronaves pequeñas, con uso asociado sobre todo al turismo y a actividades deportivas, pero fuera de los vuelos internos provinciales y nacionales regulares. Su caso resume un rasgo común de la conectividad manabita: existen infraestructuras con potencial territorial, aunque no todas operan con la misma intensidad ni en el mismo nivel de integración económica.9
#Agua y saneamiento
El principal contraste de infraestructura básica en Manabí no está en la electricidad, sino en el agua potable y, todavía más, en el alcantarillado. Los resultados provinciales del Censo de Población y Vivienda 2022 muestran que el 96,2% de las viviendas particulares dispone de energía eléctrica por red pública, el 61,1% de agua por red pública, el 43,6% de alcantarillado por red pública y el 80,7% de recolección de basura. La lectura del indicador es directa: el servicio eléctrico está relativamente consolidado, pero el agua y el alcantarillado siguen dejando una parte importante del territorio fuera de cobertura plena.72
La desigualdad se vuelve más visible cuando el dato provincial se desagrega entre áreas urbanas y rurales. De las 468.744 viviendas ocupadas registradas en la provincia, 268.338 corresponden a área urbana y 200.406 a área rural. En agua por red pública, el universo urbano llega a 227.837 viviendas, mientras que el rural se reduce a 58.617. En alcantarillado, la diferencia es mucho más marcada: 194.200 viviendas urbanas frente a solo 10.127 rurales. La electricidad pública alcanza 263.516 viviendas urbanas y 187.588 rurales, lo que confirma que la brecha de servicio no se distribuye de manera uniforme, sino que golpea con más fuerza a las parroquias y recintos alejados de los centros urbanos.9
En términos territoriales, esa desigualdad no solo refleja ingreso o capacidad de pago; también expresa costos de extensión de redes, dispersión poblacional y condiciones físicas de instalación. El propio PDOT advierte que el rezago en agua y alcantarillado incide en los índices de pobreza por necesidades básicas insatisfechas, y que la red pública mejora con más rapidez en las ciudades principales que en la ruralidad. Portoviejo, Manta, Montecristi y Jaramijó tienden a concentrar los mejores resultados, mientras que cantones con menor densidad y mayor dispersión presentan rezagos más persistentes.97
#Energía
La provincia cuenta con una red de distribución eléctrica amplia, pero no plenamente uniforme. CNEL EP informa que su Unidad de Negocio Manabí brinda servicio a más de 337.497 clientes en 10.909,04 km², con una cobertura del 94,29%. La misma ficha aclara que su área de servicio comprende toda la provincia salvo Flavio Alfaro, Pedernales, Jama y Pichincha, lo que revela una provincia eléctricamente articulada, aunque con una configuración institucional que no coincide de forma exacta con el mapa político completo. Ese detalle importa porque la cobertura eléctrica no depende solo del tendido físico, sino también del diseño de las áreas de concesión y de la historia de cada red de distribución.53
El PDOT provincial complementa esa visión al describir a Manabí como un territorio con un sistema de aprovisionamiento eléctrico bien desarrollado y una cobertura extensa en la mayoría de viviendas. Sin embargo, también reconoce que en las zonas de menor accesibilidad geográfica, y en los asentamientos con menor densidad, el costo de llevar y mantener la red se vuelve más alto y la inversión tiende a priorizar los núcleos de mayor demanda. Por eso, aunque la electricidad sea el servicio básico más extendido, sigue siendo también uno de los mejores indicadores para leer la asimetría entre el litoral urbano y la ruralidad interior.9
La infraestructura energética provincial no se agota en la distribución doméstica. CNEL ha reportado operaciones 24/7 desde su centro de control provincial y proyectos de repotenciación de subestaciones y redes en Manta y otros cantones, lo que sugiere una red madura, pero exigida por el crecimiento urbano, la carga productiva, la demanda turística y la dispersión rural. En una provincia como Manabí, la energía es al mismo tiempo servicio básico, soporte comercial y condición de funcionamiento de la logística portuaria, la refrigeración pesquera, la agroindustria y la conectividad digital.53
#Riego y drenaje
La infraestructura hídrica de Manabí tiene una función doble: sostener la producción agropecuaria y amortiguar inundaciones. El PDOT articula esa política en torno al Plan Integral de Recursos Hídricos de Manabí, el Plan Provincial de Riego y Drenaje y el Plan Hidráulico Regional de la Demarcación Hidrográfica de Manabí. La lógica de fondo es clara: sin agua regulada, la provincia no puede sostener ni su agricultura de pequeña escala ni sus sistemas productivos más intensivos, y sin drenaje suficiente el invierno se vuelve un problema de conectividad y no solo de clima.9
Entre 2019 y 2027, la planificación provincial contabiliza 46 proyectos de riego. De ellos, 11 corresponden a sistemas construidos o rehabilitados, con 15.293 hectáreas potenciales; 9 están en construcción; 7 cuentan con recursos aprobados por la autoridad rectora; 7 tienen estudios definitivos; y 12 permanecen como proyectos planificados, entre ellos varios vinculados a agricultura familiar campesina. El PDOT calcula que la cobertura de los sistemas construidos y planificados alcanza el 47% de la demanda potencial provincial. Dentro del conjunto de sistemas ya ejecutados, 10.938 hectáreas estaban operativas, equivalentes al 72% del total potencial de esas obras, con casos decisivos como Carrizal-Chone, Tintales, Maconta-Florestal, La Pipona y Arriaga.9
La infraestructura complementaria muestra que el riego en Manabí depende tanto de obras mayores como de dispositivos pequeños de adaptación territorial. Entre 2019 y 2023 la provincia construyó 155 pozos para agricultura familiar campesina, de los cuales 128 fueron profundos y 27 someros; solo el 23,9% de esas infraestructuras fue equipado y quedó efectivamente al servicio de las comunidades. En el mismo período se levantaron 831 albarradas en 14 cantones como mecanismo de retención de lluvia, infiltración y recarga de acuíferos. A eso se suman 88,5 km de rehabilitación y mantenimiento de cauces e infraestructura para riego y drenaje en el sistema Carrizal-Chone, una obra particularmente sensible porque su mantenimiento incide tanto en la productividad agrícola como en el control de inundaciones.9
La cuenca baja de Chone resume el valor del drenaje como infraestructura de protección territorial. El PDOT señala que las lluvias de marzo de 2023 provocaron crecientes y desbordamientos en los ríos Garrapata y Mosquito, con daños en zonas agropecuarias, taponamiento de puentes y vías rurales, y deslizamientos de tierra. En respuesta, se activaron los COE cantonal y provincial y se impulsó un convenio tripartito para ejecutar un plan de obras de prevención y mitigación de inundaciones con dragado mecánico de 31,41 km entre el río Garrapata, el río Chone y un canal de encauzamiento. Ese episodio ilustra que riego y drenaje no son únicamente política agrícola: son también una forma de resiliencia vial, sanitaria y urbana.9
#Conectividad digital
La conectividad digital de Manabí ha mejorado, pero sigue mostrando un mapa de brechas internas. El PDOT registra 1.494 radio bases instaladas en la provincia, 108.134 usuarios de internet fijo y 165 puntos de internet gratuito gestionados por el Gobierno Provincial en 22 cantones y 47 parroquias. Sin embargo, el Censo 2022 revela que la modernización no se distribuye de manera uniforme: el 20,8% de la población de cinco años o más usa computadora o laptop, el 76,0% usa teléfono celular y el 62,1% usa internet. La distancia entre teléfono e internet, y entre computadora e internet, evidencia que el acceso a conectividad sigue dependiendo de la calidad del servicio, del costo y de la localización territorial.9
Los contrastes cantonalizados son todavía más elocuentes. Manta alcanza 78,1% de uso de internet, Portoviejo 73,2%, Montecristi 69,8% y Rocafuerte 64,0%, todos por encima o muy cerca de los mejores registros provinciales. En el otro extremo, Flavio Alfaro llega a 37,1%, Pedernales a 37,3%, Paján a 38,0% y Pichincha a 41,4%. El uso de computadora o laptop reproduce una desigualdad parecida: Manta y Portoviejo superan la media provincial, mientras varios cantones rurales se mantienen muy por debajo. La conectividad forma una red muy concentrada en la franja urbana central y mucho más débil en la periferia rural.9
#Riesgos estructurales y brechas territoriales
La infraestructura manabita se construye sobre una geografía que la condiciona. El relieve, la presencia de cuencas bajas, la estación lluviosa irregular, los ríos de corto y mediano recorrido y la presión sobre suelos agrícolas hacen que la vialidad, el riego, el drenaje y la logística portuaria dependan unos de otros. Cuando llueve con intensidad, las consecuencias no quedan confinadas al agua: aparecen desbordamientos, cortes viales, saturación de puentes, afectación a la movilidad de personas y mercancías, y retrasos en el abastecimiento de servicios. El PDOT trata el mantenimiento de la red vial y de la infraestructura hidráulica como política de conectividad y no solo como obra pública.9
La mayor vulnerabilidad territorial se concentra donde coinciden dispersión poblacional, baja cobertura de servicios, deterioro vial y dependencia del drenaje natural. Allí la provisión de agua y alcantarillado sigue siendo más lenta, la conectividad digital depende de soluciones parciales y la movilidad se vuelve frágil frente a lluvias o deslizamientos. En cambio, el corredor Portoviejo-Manta y el sistema portuario-aeroportuario concentran la infraestructura más densa y la mayor parte de los nodos estratégicos, lo que refuerza la centralidad urbana a costa de una integración incompleta del interior provincial. El resultado es una provincia altamente conectada en sus puntos clave, pero todavía desigual en el acceso material a esa conectividad.9753
#Naturaleza
La naturaleza de Manabí combina una franja litoral expuesta al Pacífico, cuencas que dependen casi por completo de la lluvia local, bosques secos y semisecos, manglares, estuarios, áreas protegidas terrestres y marino-costeras, y una ocupación humana que ha ido concentrando presión sobre los bordes más frágiles del territorio. En el PDOT provincial, el sistema físico-ambiental se presenta precisamente como la interacción entre recursos renovables, actividades humanas y amenazas climáticas, con una dependencia marcada de agua, suelos, biodiversidad y bosques que no cuentan con el respaldo hídrico de la cordillera andina.9
En ese marco, el Parque Nacional Machalilla ocupa una posición central. No es solo una de las áreas protegidas más conocidas del litoral ecuatoriano, sino también una pieza de transición entre el bosque seco tropical, el litoral rocoso y arenoso, las islas e islotes cercanos a la costa y un conjunto de espacios marinos que sostienen biodiversidad, pesca, investigación y conservación. La documentación oficial del Ministerio del Ambiente destaca que el parque reconoció desde su origen la importancia de los bosques secos, semisecos y de los ambientes marino-costeros del sur de Manabí, y que su ámbito incluye playas, islotes próximos a la línea de costa y la Isla de la Plata.54
#Machalilla marino-costero
Machalilla forma parte de un corredor de conservación que se extiende más allá del límite terrestre del parque. A escala provincial, la caracterización ambiental de Manabí identifica cinco áreas de protección marino-costeras, entre ellas el propio Parque Nacional Machalilla, el Refugio de Vida Silvestre Marino Costera Pacoche y la Reserva Marina Puerto Cabuyal, con una superficie conjunta que supera las 365 mil hectáreas. Esa red importa porque el litoral manabita no funciona como una simple línea de playa: es un sistema de intercambio entre corrientes, sedimentos, mareas, desembocaduras, esteros, zonas de anidación y áreas de crianza de peces y mariscos.9
La dimensión de conservación no se agota en el parque. La Reserva Marina Cantagallo-Machalilla, declarada por acuerdo ministerial, refuerza la protección de la franja oceánica y articula el manejo del espacio marino con la costa y el uso humano de Puerto López, Machalilla, Salango y las áreas vecinas. En el plano ecológico, ese enlace entre parque y reserva marina es decisivo: parte de la biodiversidad local depende de hábitats que alternan entre el bosque seco, los acantilados, las playas, los fondos someros y las rutas de alimentación y reproducción de la fauna marina.12
La evidencia académica sobre Machalilla apunta a un patrón doble. Por un lado, el parque protege ecosistemas de alta endemia y diversidad florística propios del bosque tropical seco semideciduo; por otro, esa riqueza se mantiene bajo presiones antrópicas persistentes, en especial expansión agrícola, urbanización dispersa, cambios de uso del suelo y tensiones entre conservación y residencia humana. Los estudios sobre sostenibilidad social en el parque subrayan además que la conservación ocurre en territorios habitados donde el manejo ambiental convive con necesidades de vida cotidiana, empleo y acceso a recursos.5556
#Bosque seco, manglar y endemismo
En Manabí, el bosque seco no es una periferia ecológica menor. El PDOT provincial muestra que la matriz ecosistémica está dominada por formaciones boscosas, que representan 99,19% de los ecosistemas inventariados en el territorio, y que cerca de la mitad de esa fisonomía presenta vulnerabilidad alta por su cercanía a centros poblados y por el grado de intervención antrópica. La misma caracterización registra un nivel de fragilidad muy alto, alto o medio para 77% de la superficie ecosistémica, mientras que solo 47,84% se encuentra dentro de bosques protectores.9
Esa fragilidad tiene una geografía concreta. El bosque deciduo y semideciduo de la cordillera costera del Pacífico ecuatorial, las formaciones de tierras bajas de Jama-Zapotillo, los manglares del Chocó Ecuatorial y del Jama-Zapotillo, y los herbazales riparios y lacustres forman un mosaico que cambia de acuerdo con la topografía, la disponibilidad hídrica y la distancia al mar. En el caso de Machalilla, la literatura científica ha destacado el valor del bosque tropical seco semideciduo como ecosistema de alto endemismo y diversidad florística, precisamente uno de los sistemas más presionados por la expansión agropecuaria y la fragmentación del hábitat.56
La presión sobre el bosque no es abstracta. El PDOT registra que la deforestación bruta provincial alcanzó un promedio anual de 13.528 hectáreas entre 2018 y 2020, sin regeneración anual estimada en ese mismo periodo, y que cerca de 29.749 hectáreas se deforestaron entre 2018 y 2020 para distintos usos del suelo, especialmente en cantones como Chone y Pedernales. La transformación de bosque nativo en mosaico agropecuario aparece de forma reiterada en los inventarios provinciales, lo que ayuda a explicar por qué la conservación del bosque seco en Manabí depende menos de declarar áreas aisladas que de administrar el uso del suelo en la periferia de esas áreas.9
#Dinámica costera
La costa manabita es dinámica por definición. No se trata solo de una línea de playa, sino de un borde sometido a oleajes de distinta intensidad, periodos largos de mar de fondo, aguajes y corrientes de resaca. INOCAR mantiene instrumentos oceanográficos cerca de Manta y en el litoral manabita para medir altura y periodo de ola, temperatura superficial del mar y dirección del oleaje, precisamente porque esos datos son esenciales para el monitoreo de tsunamis, la seguridad de la navegación, la protección del medio marino y el seguimiento de El Niño y La Niña.57
Los boletines de oleaje de INOCAR muestran que la costa continental ecuatoriana, incluida la franja de Manabí, puede experimentar periodos de oleaje con alturas superiores al promedio, rompimiento de olas más cerca de la orilla y condiciones propicias para corrientes de resaca durante los aguajes. En distintas alertas, el instituto ha citado localidades manabitas como Crucita, Santa Marianita, Manta y Punta San Lorenzo entre los puntos en que el comportamiento del mar requiere precaución. En términos territoriales, la erosión costera, la pérdida de playa y la vulnerabilidad de malecones, esteros, desembocaduras y asentamientos bajos se explican por una interacción entre oleaje, sedimentación, ocupación humana y manejo de la ribera, no por un fenómeno puramente natural.58
La propia geografía provincial refuerza esa vulnerabilidad. El litoral de Manabí combina playas expuestas, acantilados, desembocaduras fluviales y zonas donde la infraestructura urbana o pesquera se aproxima al borde de la costa. Ese patrón vuelve más sensible a la franja costera ante la combinación de eventos de mar de fondo, lluvias intensas, urbanización sobre la línea de costa y alteraciones en el transporte sedimentario. En la práctica, el resultado es una costa que requiere monitoreo permanente y respuestas diferenciadas según tramo, porque no todas las playas ni todas las bahías responden del mismo modo al oleaje ni a la intervención humana.957
#El Niño y agua
En Manabí, la variabilidad climática no solo condiciona el paisaje: define la supervivencia de los cultivos, la estabilidad de los taludes, la disponibilidad de agua y la frecuencia de emergencias. El PDOT provincial describe un clima dominado por estaciones secas y lluviosas, con influencia de las corrientes frías y cálidas del Pacífico, y advierte que los episodios de lluvia intensa, sequía e inundación están ligados a la estructura climática regional y al cambio de uso del suelo. En ese mismo documento se reconoce que la provincia es vulnerable a episodios de inundación, deslizamientos y pérdida de conectividad vial en temporadas invernales.9
Los informes de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos muestran que los eventos de lluvia con influencia ENOS se concentraron desde diciembre de 2023 y alcanzaron su máxima intensidad entre enero y febrero de 2024. En el cierre del ciclo 2023-2024, la SNGR registró 2.095 eventos peligrosos en 24 provincias y destacó a Manabí entre las provincias con mayor impacto; además, varios cantones manabitas quedaron en declaratoria de emergencia durante ese periodo. La lectura territorial es clara: El Niño no actúa como una anomalía aislada, sino como un amplificador de una vulnerabilidad previa hecha de ríos cortos, ocupación de planicies aluviales, drenaje desigual y deficiencias de infraestructura.59
El estrés hídrico de Manabí añade otra capa de complejidad. El PDOT subraya que la provincia no recibe agua de la cordillera de los Andes y depende de la gestión local de cuencas hidrográficas y bosques para sostener su oferta hídrica. Por eso, la política de albarradas, pozos, sistemas de riego, drenaje y limpieza de cauces forma parte de la ecología provincial tanto como de la obra pública. Entre 2019 y 2023, el Gobierno Provincial reportó 11 sistemas de riego con 15.293 hectáreas potenciales, 155 pozos construidos y 831 albarradas en 14 cantones, todo ello orientado a retener lluvia, infiltrar agua y recargar acuíferos en un territorio donde la disponibilidad no está garantizada por grandes transferencias externas.9
Las condiciones de servicio refuerzan esa lectura. Los resultados provinciales del censo 2022 registran una cobertura de agua potable y alcantarillado insuficiente para una fracción significativa de hogares, especialmente en zonas rurales, lo que permite entender el agua no solo como un recurso natural, sino como una brecha de infraestructura y de justicia territorial. En un contexto así, la gestión de la cuenca, el saneamiento y la conservación forestal son componentes de un mismo problema ambiental.2
#Gobernanza ambiental
La gobernanza ambiental en Manabí opera en varios niveles y con competencias distintas. MAATE y el SNAP administran las áreas protegidas nacionales; la Prefectura impulsa áreas de conservación provincial, corredores y mecanismos de uso sustentable; los municipios regulan el uso de suelo, los servicios urbanos y la competencia sobre materiales áridos y pétreos; y la SNGR articula la respuesta a emergencias mediante los COE provinciales y cantonales. Esa arquitectura institucional es relevante porque la presión sobre el litoral, el bosque seco y las cuencas no se resuelve en un solo escritorio ni con una sola competencia.960
En la provincia, la Prefectura ha impulsado áreas de conservación provincial y áreas de conservación y uso sustentable como herramientas complementarias al SNAP. El PDOT enumera patrimonios naturales como Bosque Camarones, Parque Ecológico Papagayo, Isla del Amor, Tablada del Tigre, Cascada del Armadillo, El Salto del Pintado y el Humedal La Segua, pero también registra amenazas muy concretas: presión urbanística, vertidos de aguas residuales, transformación agrícola del suelo, uso de químicos en zonas camaroneras y ocupación de zonas de amortiguamiento. La conservación, en este sentido, no depende solo de delimitar polígonos, sino de mantener control sobre los procesos que los degradan.9
La fragilidad de los ecosistemas exige además una lectura de manejo de cuencas y bosque protector. El PDOT identifica diez bosques protectores en la provincia, entre ellos Carrizal-Chone, Colinas circundantes a Portoviejo, Poza Honda, Sancán y Cerro Montecristi y las subcuencas de Cantagallo y Jipijapa, y advierte que algunos de ellos carecen de planes de manejo actualizados. Esa omisión importa porque los bosques protectores y las áreas conservadas funcionan como infraestructura ecológica: regulan escorrentía, sostienen recarga hídrica, frenan erosión y reducen la exposición a incendios, sequías e inundaciones.9
La coordinación de emergencias completa el cuadro. El COE Provincial, según la SNGR, es el mecanismo de coordinación y operación conjunta frente a desastres a escala provincial y está presidido por el gobernador o su delegado. En Manabí, donde una temporada lluviosa puede activar inundaciones en Chone, deslaves en el interior y afectación en la franja costera al mismo tiempo, esa estructura de respuesta convierte la prevención en decisiones operativas. La provincia depende de la estabilidad de sus ecosistemas para sostener agua, suelo, producción y habitabilidad, de modo que la gestión ambiental es una condición de funcionamiento territorial.609
#Cultura
La cultura manabita no se deja encerrar en una sola imagen ni en un único linaje simbólico. Lo que en el habla pública se llama manabitismo nombra, sobre todo, una pertenencia regional hecha de prácticas compartidas: maneras de hablar, cocinar, trabajar, celebrar, recordar y nombrar el territorio. El Censo de 2022 mostró que la provincia era culturalmente heterogénea incluso dentro de sus propias categorías de autoidentificación: 62,9% mestiza, 33,6% montubia, 1,9% afroecuatoriana, 1,4% blanca, 0,2% indígena y 0,1% otra.2 Esa composición no define por sí sola la vida cultural de la provincia, pero sí deja claro que Manabí es una trama de pertenencias superpuestas, no una esencia fija.
#Identidad, manabitismo y categorías sociales
En Manabí, manabitismo suele funcionar como una identidad provincial de segundo orden: reúne a poblaciones urbanas, ribereñas, pesqueras, rurales y portuarias bajo repertorios comunes, sin borrar las diferencias entre una capital administrativa, una ciudad puerto, un cantón agrícola o una comunidad costera. En términos culturales, su fuerza no reside en una supuesta pureza regional sino en la persistencia de un modo de vida compartido en el que la cocina, la oralidad, el trabajo y la memoria pública tienen un peso comparable al de los símbolos cívicos.
Los rótulos montubio, cholo, chola y mestizo no son equivalentes entre sí. Montubio es, ante todo, una autoidentificación histórica y social asociada al mundo rural y a la cultura de la costa interior; investigaciones sobre la cultura montubia en Manabí la describen a partir de sus prácticas domésticas, su oralidad, sus vínculos con el trabajo agrícola y sus formas de sociabilidad.61 El cholo, en cambio, carga una historia distinta: en el diccionario académico de cocina manabita se recuerda que el término tuvo usos coloniales y raciales, a menudo despectivos, antes de reaparecer en la provincia como nombre local de una identidad ribereña o costera.6 Por eso, tratar cholo, chola y montubio como sinónimos de “manabita” borra tanto la historia de los términos como las diferencias internas de la provincia. En el uso cultural contemporáneo, más que etiquetas cerradas, son nombres situados que remiten a memorias de trabajo, parentesco, litoralidad y ruralidad.
La literatura académica producida en y sobre Manabí también ha insistido en que estas identidades no viven sólo en la autoafirmación pública, sino en la forma de narrar, aconsejar, bromear y transmitir saberes. Un trabajo de la Universidad Técnica de Manabí sobre familias de Junín analizó metáforas, aforismos y referencias como culturemas de la comunicación cotidiana manabita y los vinculó con la tradición oral.61 Esa observación es importante porque desplaza el foco desde la vestimenta o el color local hacia la lengua, la memoria y los usos compartidos del lenguaje.
#Oralidad y memoria cotidiana
La oralidad es uno de los soportes culturales más persistentes de Manabí. No se limita a los relatos de abuelos o a una memoria pintoresca de “cosas de antes”; atraviesa la conversación diaria, los refranes, los aforismos, la narración familiar y las formas de enseñar sin manual. En Junín, la UTM mostró que esos culturemas no son adornos del habla, sino mecanismos de transmisión de experiencia y de elaboración de sentido.61 En La Pila, otro estudio académico relaciónó patrimonio arqueológico e inmaterial con tradición oral, mitos y leyendas, y destacó su papel en la identidad local.62
Ese mismo tejido aparece en el paisaje patrimonial de Hojas-Jaboncillo. El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural describe allí un conjunto de valores patrimoniales vivos que incluye el tejido de paja toquilla, la arquitectura en caña guadua, la agricultura del maíz, la gastronomía tradicional del horno de leña, la tradición oral, la medicina ancestral y el pasillo.63 El punto no es convertir ese inventario en una lista de exotismos, sino entender que la oralidad conecta elementos muy distintos de la vida social: la alimentación, el trabajo manual, la música, la curación doméstica y la interpretación del paisaje.
#Gastronomía y patrimonio alimentario
La cocina tradicional manabita no es un catálogo de platos sueltos ni una postal culinaria para consumo externo. Es un sistema de conocimientos, técnicas, utensilios, tiempos, materias primas y relación sociales. En 2018, el Ministerio de Cultura y Patrimonio y el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural reconocieron la Cocina Tradicional Manabita como Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador.13 El expediente subrayó que el reconocimiento se apoyó en el trabajo de campo realizado en Portoviejo, donde se inventariaron 142 fichas de cocinas tradicionales de siete parroquias rurales y se identificaron conocimientos y prácticas transmitidos de generación en generación, vinculados con la identidad, el sentido de pertenencia, el tejido social, la subsistencia y el desarrollo comunitario.
El mismo texto del INPC vincula la cocina manabita con el mar, los huertos, el cuidado de animales, la pesca artesanal, la elaboración de objetos y herramientas tradicionales y la temporalidad de cada territorio.13 En la zona norte de la provincia, otro expediente del INPC insistió en esa relación entre cocina y ambiente: en Cojimíes y Pedernales, por ejemplo, los usos alimentarios se sostienen en pescado, mariscos, maní, plátano, yuca, arroz, coco y palmas locales, y articulan gastronomía cotidiana y festiva.64
En Portoviejo, el mismo trabajo patrimonial registró prácticas específicas como las morcillas y derivados del cerdo en Abdón Calderón, el viche en Crucita y la chicha de maíz en Colón.13 Esa diversidad ayuda a entender que la cocina manabita no es una esencia monolítica sino una constelación de técnicas situadas. Estudios universitarios sobre Jipijapa han descrito la gastronomía como recurso cultural del patrimonio intangible, recuperando inventarios del INPC y defendiendo su valor como saber portador de identidad, aunque también advierten que su continuidad depende de la salvaguardia de los portadores y no sólo de su puesta en mercado.65
El sustrato material de esa cocina también importa. En la tradición gastronómica y rural de Manabí, el plátano, el maní, el maíz, la yuca, el coco y los productos marinos no son adornos identitarios sino infraestructuras cotidianas del gusto. La cocina sirve, además, para leer cambios sociales más amplios: migración de jóvenes, disminución de la transmisión doméstica, presión de alimentos industrializados y transformación de los ritmos de trabajo. La investigación académica hecha en la provincia ha insistido en que la gastronomía tradicional tiene valor cultural precisamente porque articula memoria, subsistencia, técnicas locales y relación con el entorno, no porque funcione como marca turística.65
#Paja toquilla
El tejido tradicional del sombrero de paja toquilla es una de las expresiones patrimoniales más visibles de Manabí, pero su valor no radica en la imagen internacional del sombrero sino en la cadena de saberes que lo sostiene. La UNESCO inscribió en 2012 el tejido tradicional del sombrero ecuatoriano de paja toquilla en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.14 La ficha reconoce la transmisión familiar de la técnica, la relación con las comunidades costeras y el carácter complejo del oficio, que va desde el cultivo y la preparación de la fibra hasta el tejido, el acabado y la circulación de la pieza.
En Manabí, Montecristi ocupa un lugar especialmente visible en esa historia. La UNESCO lo presenta como Ciudad Creativa de Artesanía y Arte Popular y lo vincula con la producción de sombreros de paja toquilla, la formación de artesanos y la continuidad de un oficio transgeneracional.15 La ciudad y sus alrededores no funcionan como simple escenario de souvenir, porque la artesanía del toquilla organiza aprendizaje, trabajo, propiedad intelectual, circulación comercial y cooperación institucional. La salvaguardia patrimonial, en este caso, no protege sólo una pieza terminada sino un conjunto de relación entre campo, taller, familia y mercado.
La propia institucionalidad cultural ecuatoriana ha trabajado ese vínculo. El INPC ha impulsado talleres de salvaguardia del tejido tradicional en Portoviejo, Manta, Montecristi, Santa Ana, Jipijapa y Bolívar, y ha resaltado que la toquilla no es solamente una prenda conocida en el exterior, sino un símbolo de identidad y memoria comunitaria.66 La perspectiva enciclopédica no necesita agregar épica: basta con reconocer que en Manabí la paja toquilla es, a la vez, oficio, economía y lenguaje patrimonial.
#Jipijapa patrimonial
Jipijapa es un caso importante para entender que el patrimonio manabita no vive únicamente en la costa o en los cantones más visibles por su puerto o su industria. En 2017, el INPC declaró a Jipijapa Ciudad Patrimonio Cultural Nacional a partir de un expediente elaborado con la UNESUM y el GAD municipal; el proceso destacó el valor de su arquitectura y los procesos tradicionales de producción y transformación en torno a la caña, y dejó planteadas obligación de protección, conservación y puesta en valor.16
La investigación universitaria posterior ha profundizado esa lectura. En Jipijapa, los estudios de la UNESUM sobre patrimonio cultural inmaterial y gastronomía han mostrado que las manifestaciones locales incluyen prácticas culinarias, repertorios domésticos y formas de sociabilidad que requieren salvaguardia porque varios portadores de saberes envejecen o desaparecen.65 La lección de ese caso es clara: el patrimonio no se reduce al inmueble protegido; también incluye técnicas, usos de la cocina, memoria barrial y formas de transmisión que no pueden separarse del tejido urbano y rural del cantón.
En un plano más amplio, el paisaje patrimonial de Manabí se compone de ciudades, parroquias y enclaves donde la continuidad cultural depende de la relación entre memoria material y vida cotidiana. Portoviejo, Jipijapa, Montecristi, Picoazá, La Pila, Cojimíes, Pedernales y otras localidades no concentran “atractivos” aislados; producen, más bien, un espacio donde arquitectura, oficios, comida y ritualidad se cruzan con desigualdades de acceso, migración interna y transformación económica. El patrimonio manabita opera como estructura social en permanente negociación, no como vitrina.
#Educación e investigación
La educación superior es una de las instituciones que más ha influido en la manera en que Manabí piensa su propia cultura. La provincia cuenta con una red universitaria que, por su extensión y diversidad, convierte temas locales en objeto de investigación, archivo y docencia. La Universidad Técnica de Manabí ofrece una amplia gama de carreras y programas, entre ellos Gastronomía, Turismo, Educación, Bibliotecología, Psicología, Trabajo Social y diversas pedagogías; su propio portal institucional la presenta como una universidad con fuerte presencia en Portoviejo y una oferta académica que conecta áreas técnicas, humanas y sociales.67
La Universidad Estatal del Sur de Manabí, con sede en Jipijapa, es pública, fue creada por ley en 2001 y orienta su trabajo a servir a la población del sur de la provincia y a articular docencia, investigación, posgrado y vinculación con la sociedad.68 La Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, creada por ley en 1985, nació vinculada a la idea de convertir a Manta en ciudad universitaria y continúa siendo una referencia clave del sistema de educación superior provincial.69 En Calceta, la ESPAM MFL cumple una función complementaria, con una oferta técnica y agropecuaria ligada al territorio productivo de Manabí.70
Esta red no sólo forma profesionales; también produce conocimiento sobre la propia provincia. Las revistas, repositorios y libros universitarios de Manabí han investigado la tradición oral, la identidad montubia, los culturemas del habla cotidiana, la gastronomía como patrimonio intangible, la valoración lingüística de autores manabitas y el uso educativo de las memorias locales. Esa producción importa porque desplaza la cultura manabita desde el mero orgullo provincial hacia el campo de la investigación verificable, donde los saberes locales se documentan, se discuten y se transmiten con mayor densidad crítica.6165
#Fiestas, rituales y transmisión intergeneracional
Las fiestas manabitas no tienen sentido pleno si se las mira como espectáculo para visitantes. Su función principal es socializar memoria, ordenar calendarios, renovar vínculos y enseñar repertorios. En la costa y en los espacios ribereños, la bibliografía manabita registra celebraciones como San Pedro y San Pablo, peregrinaciones, procesiones marinas y otras prácticas asociadas a la vida chola costera.71 En Olmedo, un estudio de la Universidad Central del Ecuador analizó el Chigualo manabita como una forma de identidad cultural y mediación comunicacional del pueblo montubio, precisamente porque la fiesta reúne música, religión, oralidad y comunidad.72
Montecristi ofrece otro ejemplo de esa lógica. La UNESCO vincula la ciudad con eventos y festivales de tejido de paja toquilla, así como con programas de formación y espacios de exhibición que no sólo muestran el oficio, sino que ayudan a reproducirlo.15 La diferencia entre celebración y folclorización es decisiva: una fiesta encierra conocimiento cuando distribuye roles, transmite técnicas, ordena la convivencia y reconoce a los portadores de saberes. Se vuelve decoración cuando separa el gesto del contexto que lo hace posible.
Vistas en conjunto, las prácticas culturales de Manabí no forman un bloque inmóvil ni una imagen uniforme de “lo manabita”. Combinan oralidad, cocina, artesanía, patrimonio edificado, universidades y rituales, pero también tensiones entre memoria y modernización, entre transmisión y pérdida, entre reconocimiento oficial y uso cotidiano. La provincia conserva así una cultura densa, al mismo tiempo territorial y relacional: no se entiende sin el mar, los ríos, los huertos, las aulas, los talleres, los mercados y las casas donde esos saberes siguen circulando.
#Desafíos
La desigualdad territorial en Manabí no se expresa como una simple diferencia entre cabeceras urbanas y áreas rurales, sino como una combinación de densidad poblacional, acceso desigual a servicios, exposición a amenazas naturales y capacidad institucional heterogénea para responder a esas tensiones. El Censo Ecuador 2022 muestra que el 58,0% de la población provincial reside en el área urbana y el 42,0% en la rural, a la vez que la dotación de servicios básicos sigue mostrando brechas significativas: 96,2% de las viviendas cuenta con electricidad, 80,7% con recolección de basura, 61,1% con agua potable y 43,6% con alcantarillado. Esa combinación indica que la cobertura avanza, pero lo hace con mayor rapidez en los espacios más consolidados y con rezagos persistentes en parroquias dispersas, recintos y periferias cantonales.2
El propio diagnóstico provincial vincula esas diferencias con la pobreza y con la forma de ocupación del territorio. En el PDOT 2023-2027, la Prefectura de Manabí estima una pobreza por necesidades básicas insatisfechas de 60,1% para la provincia; además, registra una pobreza multidimensional de 43,8% en 2022, por encima del promedio nacional de 38,1%. El mismo documento agrega que 42% de las viviendas rurales son precarias y que la despoblación del campo y la periurbanización no pueden separarse de esa estructura de privaciones. La brecha territorial no es sólo de infraestructura física: también es una brecha de vivienda, ingresos, educación, cuidado y acceso a bienes públicos.9
#Salud pública y red asistencial
La red sanitaria provincial existe, pero su distribución territorial no borra las desigualdades de acceso. GeoSalud, el visualizador del Ministerio de Salud Pública, informa que muestra la ubicación geográfica y datos generales de los establecimientos de salud del país y que los resultados están actualizados en tiempo real por la DNEAIS. Eso permite verificar que la red pública no funciona como un bloque uniforme, sino como una malla escalonada de establecimientos, tipologías y niveles de atención, con cobertura territorial distinta según la parroquia y el cantón.73
En el caso manabita, el listado oficial de establecimientos de salud designados para atenciones médicas de los postulantes al año de salud rural 2024-2025 ubica puntos de atención en Manta, Jipijapa, Puerto López, Santa Ana, Olmedo, Junín, Chone, Pedernales, San Vicente, Rocafuerte y Portoviejo, además de unidades como Cuba Libre, Andrés de Vera y el Hospital Dr. Verdi Cevallos Balda en Portoviejo, el Hospital Dr. Napoleón Dávila Córdova en Chone y otros centros de salud de alcance cantonal. La presencia de estos puntos confirma una cobertura territorial amplia, pero también concentrada en nodos específicos, de modo que la población de zonas rurales intermedias o dispersas sigue dependiendo de distancias largas, transporte irregular y derivaciones a centros de mayor complejidad.74
El PDOT provincial describe esa tensión con claridad. Señala que Manabí enfrenta problemas de salud y dificultades para su atención adecuada por la cobertura insuficiente del sistema, en especial en zonas vulnerables, urbano marginales, periurbanas y rurales; añade que allí se expresan la falta de diagnósticos, medicamentos y estrategias preventivas. El mismo diagnóstico subraya el crecimiento de los problemas de salud mental, junto con malnutrición, obesidad, desnutrición infantil y presencia de enfermedades tropicales, estacionarias y de transmisión vectorial. Ese cuadro hace que la salud provincial dependa no sólo de hospitales y centros, sino también de vigilancia epidemiológica, agua segura, saneamiento y capacidad de atención primaria continua.9
#Empleo, ingresos y protección social
Las desigualdades territoriales también atraviesan el mercado laboral. La estadística agropecuaria provincial de 2023, elaborada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería con base en ENEMDU 2023, indica que el 25% de las personas empleadas en Manabí trabaja en el sector agropecuario. Ese peso relativo confirma la persistencia de una estructura productiva donde el empleo rural, estacional y vinculado al ciclo agrícola sigue siendo central, con consecuencias directas sobre ingresos, seguridad social y exposición a shocks climáticos o de precios.11
La calidad del empleo aparece condicionada por la baja afiliación formal. El Informe Local Voluntario 2024 de la Prefectura calcula 159.281 empleados afiliados al seguro social a mayo de 2024, equivalentes a 13 de cada 100 personas con empleo en la provincia, con un salario promedio de 770,38 dólares. Esa base estrecha de empleo protegido contrasta con la magnitud de la fuerza de trabajo provincial. En una economía con fuerte presencia agropecuaria y amplias áreas rurales, esa afiliación limitada ayuda a explicar por qué los hogares dependen con frecuencia de economías mixtas, trabajos informales, pluriactividad y remesas internas o externas para sostener el consumo básico.75
El diagnóstico económico provincial añade un elemento de precariedad sectorial en actividades no agrícolas. En su Plan de Fomento Productivo de Manabí, la Prefectura señala que Manabí sólo concentra 3,5% de las ventas turísticas nacionales debido a promoción limitada, alta informalidad, infraestructura deficiente, problemas de seguridad y servicios de baja calidad. Esa lectura muestra que la informalidad no es exclusiva del campo: también se extiende a servicios, comercio y actividades vinculadas al turismo, con efectos sobre productividad, estabilidad ocupacional y protección social.76
#Agua y riesgos
La presión sobre el agua y el suelo es una de las líneas que más condicionan la desigualdad territorial provincial. El PDOT remarca que Manabí no recibe agua de la cordillera de los Andes y depende de la gestión propia de sus cuencas, bosques, riego y dragado. Al mismo tiempo, advierte que los sistemas de riego construidos, rehabilitados o planificados tienen cobertura y alcance limitados, por lo que la provincia mantiene una actualización continua de sus planes hídricos y de dragado. Esa situación es estructural: la seguridad hídrica descansa sobre ríos, reservorios, obras de captación y mantenimiento territorial que no siempre alcanzan a cubrir toda la superficie rural ni a amortiguar los períodos de estiaje.9
Los riesgos climáticos agravan esa dependencia. La Secretaría de Gestión de Riesgos informó en abril de 2024 que, desde el 1 de enero de ese año hasta el 22 de abril, los eventos peligrosos por lluvias habían afectado a 21 cantones y 68 parroquias de Manabí; el 70,91% de los eventos correspondía a inundaciones, seguido por deslizamientos, colapsos estructurales, hundimientos y socavamientos. El balance provincial acumulaba 71.999 personas afectadas, 874 damnificadas, 17.920 viviendas afectadas y 48 destruidas, con Chone, Pedernales, Tosagua, Manta, Portoviejo, Santa Ana, 24 de Mayo, Rocafuerte y Paján entre los cantones de mayor impacto. El informe también registró 10 COE cantonales activados y un COE provincial, lo que da cuenta de la recurrencia del problema y de la necesidad de respuestas más rápidas y coordinadas.8
La exposición no se limita a los episodios de lluvia. El libro de la Secretaría de Gestión de Riesgos sobre el Fenómeno de El Niño indica que Manabí concentra la mayor cantidad de kilómetros de la red vial estatal con susceptibilidad alta o media a inundaciones y movimientos en masa: 976,32 km, equivalentes al 22% de los 4.339,65 km expuestos del país. El mismo documento añade que en el litoral hay 87 puentes en zonas de alta susceptibilidad a inundaciones, de los cuales 18 están en Manabí. Esa combinación de caminos, puentes, laderas, planicies aluviales y desembocaduras explica por qué la infraestructura provincial es tan sensible a lluvias intensas y a cambios en el caudal de ríos y esteros.77
La memoria del terremoto de 2016 sigue presente en esa misma arquitectura de riesgo. Los informes de situación de la Secretaría de Gestión de Riesgos de abril y mayo de ese año documentan la declaratoria de emergencia en Manabí y la afectación de servicios públicos, incluidos los sistemas de agua potable, cuyo restablecimiento exigió tanqueros y plantas potabilizadoras. Años después, la propia Prefectura seguía informando la rehabilitación del sistema de riego y drenaje Carrizal-Chone, dañado por el sismo, con una primera fase de 1.630 tomas para 6.200 hectáreas productivas y una meta de 9.383 hectáreas. La reconstrucción, por tanto, no quedó reducida a la reposición inmediata de viviendas o vías, sino que se prolongó en obras hidráulicas y productivas que seguían ordenando la vida agrícola varios años después del evento.7879
#Seguridad y planificación territorial
La inseguridad se ha incorporado a la desigualdad provincial como un factor de localización y de acceso desigual al espacio público. El recurso abierto del Ministerio del Interior para homicidios intencionales, actualizado el 17 de abril de 2026, registra 243 hechos en Manabí entre enero y marzo de 2026. Dentro de la provincia, los mayores conteos aparecen en Manta con 63 casos, Portoviejo con 45, Montecristi con 33 y Chone con 18, seguidos por otros cantones como Sucre, Santa Ana, El Carmen, San Vicente, Jipijapa y Jama. La concentración territorial del fenómeno en cantones urbanos y periurbanos confirma que la violencia letal no se distribuye de forma uniforme en el territorio provincial.80
En paralelo, el PDOT advierte que la provincia carecía hasta 2023 de estadísticas locales suficientes para seguridad humana y convivencia ciudadana, por lo que la Prefectura impulsó un Observatorio Provincial de Seguridad Humana y el Pacto por la Vida. El mismo plan enmarca la violencia, el crimen y los riesgos como problemas de gobernanza multiescalar, no como hechos aislados de orden público. A esa lectura se suma la necesidad de modernizar trámites ciudadanos, coordinar planes de riego y drenaje, actualizar planes hídricos y sostener la articulación entre GAD cantonales, parroquiales, sector salud, gestión de riesgos y ministerios sectoriales. En Manabí, la desigualdad territorial queda así vinculada a la calidad de la planificación: allí donde faltan agua, salud, empleo protegido y respuesta rápida frente a lluvias, sismos o violencia, la gestión pública opera con escala provincial, pero también con capacidad de llegar a la parroquia y al recinto.980
#Referencias
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